#PuntoDeVista Jorge Moruno

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En el país de los ciegos, el tuerto es el rey, afirma el refrán popular. Hoy parece ser que cualquiera que mantenga algo de visión más o menos clara en un ojo, por poco que sea, se convierte automáticamente en rey. El que hasta hace unos años era un simple miope, últimamente no parece serlo tanto ante la epidemia de una ceguera social. Pero ¿realmente tiene mejor vista? Definitivamente, no la tiene. La historia del tuerto y el ciego es la historia de la escalera del privilegiado; al que antes tenía unas dioptrías, ahora, en cambio, se le acusa de gozar de una excelente vista de lince, sobrehumana, parece, privilegiada, dicen. El discurso del privilegiado no es casual, no tiene unas bases naturales y, sobre todo, no está libre de ideología. Vivimos tiempos en donde sufrir el trabajo es todo un privilegio, siempre que lo comparemos con alguien que está en peor situación. – Jorge Moruno