Las propuestas políticas de Slavoj Žižek  – Luis Roca Jusmet

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“Hay que reivindicar el acto político revolucionario y no aceptar que el capitalismo sea el único destino, bajo la amenaza de que cualquier cambio sería catastrófico. Arriesgar lo imposible, arriesgarse a la locura del acto, es la única opción revolucionaria”.

Voy a intentar sistematizar las propuestas políticas de Žižek.

1) Una política de la verdad. Esta propuesta quiere luchar contra la pretensión postmodernista de separar la ética de la política, que considera que aunque hay una serie de principios éticos universales el campo de la política es estrategia del más puro pragmatismo. Hay que reivindicar la política, dice Žižek que surge de la verdad de la mirada comprometida de los excluidos y de la acción que deriva de ella, asumiendo todas sus consecuencias, por muy desagradables que sean. Lenin es el que muestra la verdad de la situación inmediatamente anterior a la Gran Guerra cuando todos los partidos caen en un discurso patriótico; los judíos son los que muestran la verdad del holocausto delante de los que quieren justificarla o distorsionarla.

2) Universalizar la globalización. Considera con Marx, que es reaccionaria toda posición nostálgica y en este sentido cuestiona radicalmente a los que se oponen a la globalización en nombre de particularismos nacionales. De lo que se trata, plantea, no es de oponerse a la globalización sino de radicalizarla, es decir, universalizarla. Y para ello hay que luchar contra las exclusiones que conlleva esta globalización capitalista. Universalizarla no es plantear la hegemonía de una particularidad,como podría ser la europea. Es cierto que la universalidad es necesariamente una hegemonía, pero ésta es diferente de las otras, porque es la hegemonía de lo abyecto. Lo que esto quiere decir es que mientras la supuesta universalidad crea formas de segregación son los excluidos los que muestran el fracaso de esta universalidad y por lo tanto son los que representan la posición de verdad de la universalidad.

Los ejemplos históricos son el Demos griego( la voz de los excluidos que no formaban parte de las clases dominantes y que introducen la universalidad de la ciudadanía en la Polis) y la Revolución francesa, en la que el Tercer Estado se expresa delante de las jerarquías establecidas de la nobleza y la Iglesia.Žižek, señala también las limitaciones del movimiento antiglobalización. La acción directa como resistencia acaba haciendo el juego al Sistema porque no propone alternativas políticas. No podemos tampoco entender la lucha de izquierda como un conjunto de luchas parciales. Es necesario plantear una alternativa global.

3) Defender la economía política y la centralidad de la lucha de clases. Otra verdad nos la proporciona la economía política, tal como nos la habían enseñado Marx y Lenin. En este sentido hay que reivindicar el análisis de la economía como matriz del sistema y volver a entender la lucha de clases como la lucha central emancipatoria en el sistema capitalista, aunque evidentemente pensándola desde los cambios actuales.

Las otras luchas parciales tienen un papel secundario con respecto a este núcleo central pero lo que sí hay que plantear, nos dice Žižek, lo que es hoy el proletariado En algún momento parece identificarlo con los trabajadores precarios y los desempleados, pero deja abierto el debate planteando otras separaciones que se dan en el seno de la clase trabajadora ( aparte de la que se desprende entre este sector de trabajadores que hemos mencionado y los que tienen un empleo fijo ) como el de los trabajadores manuales y los trabajadores intelectuales.

Quizás, nos dice, hay que recuperar también la diferencia que planteaba Marx entre clase obrera y proletariado, entendiendo la primera como una categoría empírica de tipo fáctico y el segundo como un grupo para sí, con conciencia revolucionaria. En todo caso son cuestiones abiertas para pensar, que excluyen las dos soluciones fáciles y falsas : mantener como un fetiche la clase obrera industria/proletariado o eliminar de un plumazo estos dos términos. Hay que tener en cuenta también, señala, el antagonismo entre el Primer /Tercer Mundo, uno de cuyos paradigmas sería la distinción entre EEUU/ China en la cual el segundo pasa a ser el Estado de la Clase Trabajadora para el Capital Americano.

También hay que considerar que las formas de dominación del tardocapitalista van cambiando en el sentido que las formas de dominación están cada vez más centradas en el que tiene la información y la capacidad de decisión, que no tiene porque ser un capitalista ( en el sentido de detentar jurídicamente la propiedad privada de los medios de producción) . En este sentido Žižek apunta que la Unión Soviética ha dado el primer modelo de una sociedad capitalista post-propiedad, en el que la clase gobernante está definida por el acceso directo a los medios ( informativos, administrativos) de poder y control social ( con todos los privilegios materiales y sociales que comporta ) sin que ello implique la propiedad privada, en el sentido jurídico, de estos medios. Žižek entra más a fondo en el análisis de dos opciones que se presentan como renovadoras de izquierda.

Una es la propuesta que planten Toni Negri y Michael Hard en el libro Imperio. Estos autores consideran que en la fase actual del capitalismo ( que según ellos tiene por una parte un carácter corporativo y por otra está dominado por el trabajo inmaterial ) se da la situación objetiva para una superación del capitalismo. Lo único que se necesita son dos condiciones : la primera es socializar este capitalismo corporativo , transformando en propiedad pública lo que es propiedad privada; y lo segundo consolidar este trabajo inmaterial, que implica en sí mismo un dominio espontáneo de los productores porque son ellos mismos los regulan directamente estas relaciones sociales.

Pero  Žižek cuestiona que podamos interpretar estas formas de trabajo inmaterial en un sentido autogestionario y también que este capitalismo que los autores anteriores llaman corporativo signifique una politización de la producción. Más bien entiende este doble proceso en un sentido contrario, como despolitización total.

Las reivindicaciones que exigen Negri/Hard al Estado ( renta básica, ciudadanía global, derecho a la reapropiación intelectual) es una modalidad el discurso histérico, que lo que hace es pedir al Amo demandas imposibles de cumplir. La última crítica es al nuevo sujeto político que nos plantean estos autores, que es la multitud. La multitud, como nuevo sujeto revolucionario, es definida retóricamente como la multiplicidad singular de un universal concreto, la carne de la vida, la pura potencialidad de un conjunto amorfo que adquiere forma en la acción.

Sería, para entendernos, la gente que sale a la calle para manifestarse contra la globalización o contra la Guerra de EEUU en Irak. Žižek,señala que hay aquí una idealización del término, que elimina la ambivalencia originaria de la propuesta inspirada en Spinoza, que señalaba también el peligro de esta multitud,que podía transformarse en una turba violenta e irracional unificada por el Líder ( Subcomandante Marcos, Hugo Chávez) .

Al eliminar esta vertiente negativa lo que señalan estos autores es únicamente el aspecto que, por la diversidad de sus miembros, presenta la multitud como resistencia colectiva flexible que presenta la multitud por la diversidad de sus miembros. Resistencia colectiva que tampoco puede, nos advierte  Žižek, transformarse en un trabajo político en positivo por la ambigüedad de propuesta que conlleva esta misma diversidad ( como ejemplo de la disolución de una multitud flexible recuerda su experiencia en la oposición política al socialismo real)

La otra postura que plantea salir del impasse actual de la izquierda es la que Žižek denomina la política pura, representada por teóricos como Alain Badiou y de Ernesto Laclau. Su alternativa es la que ellos denominan la democracia radical, cuya lógica se enfrenta necesariamente a la del capitalismo globalizador. Aquí  Žižek cuestiona la necesidad de mantener las reglas formales de la democracia, que él considera parte de lo que llama la farsa liberal.¿ Porqué hay que respetarlas, se pregunta ?.

Lo que plantean estos autores es que hay que mantener el valor de la democracia, que es el de transformar el enemigo en adversario, es decir no alguien a quien destruir sino un oponente a mantener. Se trata de compartir los principios ético-políticos de la democracia. La alternativa se plantea en términos de política pura, con una demanda incondicional de igualdad, que como tal sería anticapitalista porque entra en contradicción con el sistema pero que no cuestiona su esfera básica, que es de la economía capitalista. Es decir que hay que criticar el capitalismo y su forma política, que es la democracia liberal parlamentaria. No podemos considerar que esta forma política, producto de un sistema socioeconómico, vaya a acabar con éste.

Lo que plantea Žižek es una doble crítica : que en la democracia siempre hay una exclusión ( que es la de los que no aceptan las reglas del juego) y sobre todo que no cuestiona explícitamente la estructura económica del capitalismo y la forma del capitalismo, que es la lucha de clases. En este sentido también se opone a las luchas culturales porque eluden este antagonismo principal y radical. Y hay que volver a la economía política en el sentido que la reivindicaba Marx, en contra de quedarse en la esfera exclusiva de la política o de la economía, aunque es esta la que tiene el papel central.

4) Aceptar el fracaso de la izquierda del siglo XX. La izquierda, plantea  Žižek, vive una de las peores crisis de su historia. Una de las causas es la incapacidad para enfrentarse con su propio trauma, que es el estalinismo. La izquierda no tiene una teoría de lo que fue el estalinismo, prefiere correr un tupido velo y esto le lleva a veces a utilizar el lenguaje de la derecha liberal para explicarlo. Hay en el estalinismo, dice  Zizek, algo enigmático y desconocido.

La primera opción que critica es, por supuesto, la de la izquierda liberal, la de la Tercera Vía, que viene a ser una alternativa de gestión del tardocapitalismo globalizador. Zizek le reconoce una coherencia al plantear un capitalismo con rostro humano y defender mejoras dentro del propio sistema. Pero la paradoja, como hemos dicho antes, es que al someterse a las reglas del capitalismo sin defender los intereses de ningún grupo en particular puede convertirse en el mejor gestor del sistema, puede defender su funcionamiento global mejor que la propia derecha.

La segunda opción es la marxista-leninista dogmática ( muy bien representada por el troskysmo) que mantiene un viejo discurso que consideran que el proletariado aún tiene la homogeneidad que ha perdido y que el movimiento obrero mantiene una acción revolucionaria reiteradamente traicionada por sus dirigentes. Sus análisis ocultan su incapacidad de entender el presente y de ofrecer nuevas alternativas, ya que se basa en análisis superados y en posturas históricamente derrotadas. Se convierten en una secta que mantiene una especie de fetichismo sobre la clase obrera y su potencial revolucionario. Y entraría en lo que Lacan llamaba el narcisismo de la cosa perdida.
Estamos, por tanto, si nos ceñimos a estas dos opciones de la izquierda , en un marco que constituye un callejón sin salida, ya que nos obliga a elegir entre unos principios sin oportunidad o un oportunismo sin principios.

Hay que mantener la lucha socialista global contra el capitalismo pero planteándolo la lucha en los términos de la etapa actual del capitalismo del mercado global. Y para esto hay que repensar la izquierda pero asumiendo sus propios traumas. Y el trauma, como sabemos por el psicoanálisis, viene dado por lo insoportable. La izquierda no puede negar lo peor de su historia, tiene que asumirlo, explicarlo y aprender de sus errores.

5) Hay que reinventar una izquierda radical. Hay que luchar por mantener un espacio vacío que posibilite lo diferente, lo que podríamos llamar el Acontecimiento, que es lo único que puede posibilitar una transformación radical. En este sentido Žižek nos advierte que aunque los viejos regímenes comunistas ( cuya única supervivencia es Cuba) tengan un contenido positivo que puede ser peor en ciertos aspectos que el del propio capitalismo, hay que reconocerle que han abierto un espacio diferente que el que nos ofrece éste. Han abierto nuevas posibilidades, aunque hayan resultado fallidas.

Para el revolucionario, como el analista, se autoriza a sí mismo. No hay garantías, nada externo a nosotros puede garantizar nuestros actos. Hay que reivindicar el acto político revolucionario y no aceptar que el capitalismo sea el único destino, bajo la amenaza de que cualquier cambio sería catastrófico. Arriesgar lo imposible, arriesgarse a la locura del acto, es la única opción revolucionaria. El modelo es ( siguiendo a Lacan) Antígona. Su negativa es una locura, es un gesto imposible, una intervención excesiva y no una intervención estratégica. Pero es una locura desde las reglas del juego impuestas por el Amo. El modelo político de este tipo de discurso y de acto es el de Lenin entre la revolución de febrero y la de octubre. Y hay que repetir a Lenin, pero no en el sentido de imitarlo, ya que lo que de él hay que aprender son sus errores y lo que hay que rescatar es la locura de su gesto, la de impulsar la Revolución de Octubre.

Es el gesto subversivo de la ruptura, la Utopía entendida, no como una promesa de futuro sino del presente, en la medida que abre un espacio fuera de la lógica del capital. Y es este acto el que reivindica la política de la verdad, en contra de la sacralización de la democracia como reino de los sofistas o las ideologías justificadoras del totalitarismo. Hay que reivindicar a Lenin como la formalización de Marx a través de la teoría del partido. El gesto revolucionario de Lenin al impulsar la Revolución de Octubre contra toda estrategia posibilista es un acto ético político porque representa una contingencia radical, porque no tiene garantías.

No hay un Gran Otro ( la Historia, la Razón, la Ciencia) que justifique la acción revolucionario. Hay que recoger las experiencias de los colectivos autogestionarios ( harkers, experiencias comunitarias de las favelas o actos políticos-estéticos como los flash mobs ( actos en los que un grupo de gente hace una acción sorprendente y luego desaparece) son ejemplos prácticos de apertura de espacios alternativos. Vale la pena arriesgarse aunque signifique una derrota porque de otra forma estamos condenados a la miseria del conformista que apuesta por lo mejor dentro del sistema, al victimismo que reduce la política a un programa para evitar lo peor. Porque de esta manera renunciamos a nuestras vidas para salvarlas. Hay que apostar por lo peor, como decía Lacan. No por lo mejor ( de lo peor). Saltar al abismo, comprometerse en el proceso que producirá el Acontecimiento-Verdad similar al que produjo el cristianismo o la Revolución de octubre.

6) Reafirmar la Idea de Comunismo, en el sentido apuntado por Alain Badiou. Como idea reguladora, en el sentido kantiano, sin mediación histórica. Para ello se apoya en la tríada lacaniana. Razón desde el imaginario : mantener la imagen de una tradición de luchas igualitarias por lo común. Razón desde lo simbólico : determinar las condiciones bajo las cuales se puede abrir el espacio del comunismo. Desde lo real : mantener el rigor de las eternas invariantes comunistas ( justicia igualitaria, voluntarismo, terror, confianza de la gente). La apuesta ha de ser que la negatividad radical del capitalismo no debe ser solo un estallido revolucionario sino sobre todo la articulación de una nueva forma de vida. Con esto pasamos de lo contingente a lo necesario en el mismo Acontecimiento. El comunismo no es el nombre de la solución sino actualmente también del problema. Es el de establecer qué es lo común que hemos de defender y como nadie puede ser excluido de esta espacio.