Gracias, pero no. No quiero ser político. – Alejandro Muyshondt [28 de julio 2014]

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Este post fue escrito el 28 de julio de 2014, el mismo día que renuncie a la candidatura de diputado por GANA. 2 meses en el partido y ya estaba nauseabundo.


Durante los 37 años de vida, me he caracterizado por decir lo que pienso. A pesar de que esto, la mayoría de veces, me ha ocasionado problemas. Bajo ese principio de vida, he cuestionado y criticado lo que no me parece y traté de hacer cambios en donde los creí necesarios.

Solo por el hecho de no conformarme y no aceptar las cosas como son, soy un rebelde, en palabras de mi madre. Y no solo mi madre, sino también aquellos que están acostumbrados al status quo siempre me consideran y me seguirán considerando un rebelde. Para muchos, seré un rebelde sin causa; para otros, con causa.

Y por rebeldía sana, por inconformidad, porque no me cuadra la forma en que las cosas funcionan en este país, me embarqué en política. Me declaro idealista y pensé que entrando a la escena política podía llegar a hacer cambios estructurales de esos que tanto necesita esta sociedad en decadencia con una democracia y política pestilente. Pensé que podía ser el candidato del cambio y la renovación.

No pasó mucho tiempo para que me diera cuenta de que hace falta mucho más que voluntad, pasión, trabajo de campo y visión crítica para poder hacer cambios reales en un país con intereses poderosos. Para ser político hay que ser obediente, siempre hay alguien detrás. Pero no solo eso, al igual que en toda letrina, siempre hay lombrices que viven para que el ecosistema no cambie y, en ocasiones, esas diminutas invertebradas pueden tener el control del sistema.

Antes de tomar la decisión de ser político, evalué todas las consecuencias de estar dentro del sistema. Una de ellas, estar siempre bajo la lupa. Sabía que iba a pasar. Sabía que la sociedad y el mismo sistema me tendrían bajo monitoreo constante y escrutinio permanente.

Por “lo políticamente correcto”, uno no puede expresar lo que se siente o lo que piensa. Tampoco se puede ir a los lugares que uno quiere, no se puede saludar o estar con la gente que uno desea, no se puede estar enojado con nadie ni poner en su lugar al que te ofende. Uno no tiene derecho a pedir respeto de ninguna manera. Y nunca hay que olvidar: sonreír a las personas, aunque por dentro estés desecho. En pocas palabras, uno debe olvidar y asumir la pérdida total de su vida privada. Para ser político, hay que dejar de invertir el tiempo en la familia y comenzar a gastarlo en la política.

El ambiente político de este país, tal como lo imaginé, viví, experimenté y comprobé es para gente con estómago de médico forense. Se está en medio de cuerpos que se apilan alrededor de uno, en presencia de un cadáver hediondo, inflado por el avanzado estado de descomposición y con los recursos mínimos para poder seguir todos los procedimientos de trabajo. A ese cadáver podrido es a lo que yo le llamo “el poder” ¿Cuántos políticos no están velando ese cadáver en descomposición para poder entrar como larva y comer de este banquete nauseabundo?

Creo que es pertinente aclarar que no todos los políticos son iguales. Sin embargo, después de mi experiencia, en su mayoría, son todos iguales. Pretenden entrar en la política para servirse de la política y no para servirle al pueblo, intentan descaradamente vivir de los impuestos que pagan todas las personas de este país, tratan hacer su riqueza a costillas del la sociedad trabajadora.

Los políticos gastan el dinero del pueblo para comprar la voluntad de todos con refrigerios, comida, canastas básicas y demás. Ponen al pueblo a bailar, a hacer el ridículo, a aguantar calor por horas mientras se le vende una imagen completamente falsa de lo que en realidad son para luego darle un refresco o con suerte un menú económico de comida rápida. Les hacen entonar himnos que no se saben, les tratan de lavar el cerebro con promesas completamente falsas y con ideologías obsoletas. Se les dice que son gente igual que ellos cuando en realidad, los políticos devengan un sueldo mensual que la mayoría de gente en este país gana, con suerte, en un año. Son sinvergüenzas y se pavonean en grandes camionetas lujosas del año con motorista y seguridad frente a la gente realmente humilde… ¿Y esto es lo que les venden como democracia?

Me retiro de la política sin que haya entrado oficialmente a ella, sin haber recibido un centavo de ella.  Me retiro de la política con la cara en alto sin que me puedan señalar de algo. Sobretodo, me retiro de la política sin cargo de conciencia y con las manos limpias, porque yo sí puedo jactarme de que no me llevé o utilice el dinero del pueblo para vivir y mejorar mi calidad de vida. Mientras la política y la manera de hacer política en este país no cambien, no estoy dispuesto a pertenecer a esta casta tan odiada y cuestionada por la población entera, con justa razón.

Gracias, pero no. No quiero ser político.

Me retiro de la pseudos estructura política de este país, de este circo mediático que no pretende ayudar a nadie. De lo que no me retiro, a lo que no renuncio, es a tener el ojo vigilante sobre los políticos, abusos y errores. No me desligo de la ciudadanía porque todavía espero construir una sociedad civil mucho más organizada para poder hacer un contrapeso real a tanto abuso de poder e injusticia. Voy a seguir luchando por un mejor El Salvador desde la trinchera de la ciudadanía, se puede hacer mucho desde acá donde comencé a hacer verdadera política y no a vivir del pueblo, como todos los candidatos quieren hacer.

Los invito a que juntos nos convirtamos en un nuevo tipo de ciudadano, uno que no critica al vecino ni al compañero de trabajo, sino uno que vigila al sistema político. Estoy seguro de que todas las personas que me aseguraron su voto, sabrán que mi ideal sigue siendo el mismo, pero que desde la trinchera política no quiero hacerlo, no estoy dispuesto a convertirme en lo que tanto critiqué. Estoy seguro de que con mis palabras no defraudaré a todas las personas que tienen el mismo sueño que yo, un país libre, justo, sin violencia, sin corrupción y con equidad. Soy diferente a los políticos, soy un ciudadano comprometido, que les invita a que avancemos hacia un mejor El Salvador.

Gracias a todos y hasta pronto.
Alejandro Muyshondt
28 de julio 2014