Licencia para Delinquir

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¿Por qué tener más miedo de los delincuentes comunes, que nos van a robar algo de poco valor que rápidamente podremos recuperar, que de los delincuentes políticos, que nos han venido robando cosas de muchísimo valor que jamás recuperaremos? Y si los asaltantes pueden matarnos, los políticos también, pero no de a uno sino en cantidades de nosotros. Los políticos no salen a matar gente, pero incumplen sus obligaciones de control y celo profesional, ya sea por desidia o por interés: no matan y dañan por acción, sino por omisión. Y detrás siempre está su ganancia, su beneficio.

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Sabemos perfectamente que la mayoría de políticos están amasando su fortuna personal aunque esto no esté a la vista ni esté probado, simplemente porque no se habla del tema. Es un tema latente que es mantenido en estado larvario, principalmente por los otros políticos y los periodistas, y precisamente porque la cosa efectivamente está sucediendo. Es una sospecha que recae sobre todos ellos y que es mantenida en el terreno de la posibilidad, sin que haya una persecución real de estos delitos por parte de la Justicia y del periodismo, que de tanto en tanto crucifican a uno para que purgue los pecados de todo el resto. Cada tanto aparece un caso constatado y es colocado como chivo expiatorio de todo el resto, como si ese hecho fuera cometido por unos pocos, cuando ellos saben muy bien que todos sabemos el resto de la historia.

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Por esta exhibición de impunidad descarada logran arraigar continuamente en la conciencia colectiva la idea de su inmunidad. La reiteración de ejemplos es el mecanismo con que se nos confirma nuestra inermidad frente a la situación, lo que nos deja claro que como pueblo, como ciudadanía, tenemos el problema pero nada podemos hacer al respecto, que somos impotentes y debemos mantener nuestra resignación.