Ancianos huyen de El Salvador por culpa de las pandillas: Inician nueva vida en México – Gustavo Pineda Negrete

Comenzar de cero no es sencillo para nadie, en especial cuando tienes más de 70 años de edad.
Pero la edad física y la mental son dos facetas distintas para Margarita Ramírez, cuando tuvo que huir de su hogar.

Fuente: ACNUR

Cada día un número incierto de personas originarias de El Salvador, Guatemala y Honduras cruzan por México para llegar a los Estados Unidos, cumplir el sueño americano, obtener mejores oportunidades para sus familias y huyen de la cruda realidad generada por la violencia de las pandillas en su país.

El caso de Margarita es uno entre tantas historias que nos recuerda lo vulnerables que somos como seres humanos cuando las opciones son pocas.
Ella lo sacrificó todo por su hijo, pero nadie escapa al Barrio 18.

Fuente: Maras pandillas latinas

Cuando vivía en El Salvador capital, se dedicaba a vender pan en una pequeña calle. Un día escuchó el fuerte golpe en la puerta de su casa. Eran pandilleros del 18 que buscaban a su hijo de 37 años, José, dueño de una tienda de abarrotes en la colonia.

José llevaba meses sin poder pagar “derecho de piso”, un impuesto por la guerra entre delincuentes, por las bajas ventas en el negocio.

Margarita abrió la ventana y gritó “No lo sé. Él no está aquí”, en ese momento, José caminó en silencio hacia la parte trasera de su casa, saltó por la ventana y nunca volvió.
La mentira funcionó, los del 18 se fueron, pero regresaron al día siguiente con una amenaza peor, las opciones fueron dos: entregar a su hijo o ella moría.

Tenía que irse ¿pero a dónde? Tomó un bolsa negra con algunas de sus pertenencias más preciadas y ropa, el camino fue hacia México. Al anochecer llegó a la frontera en un autobús, cruzó el río en una balsa improvisada sin conocer a nadie.

Fuente: Exodus

La tierra azteca en su frontera sur le sonrío a mediados del 2016, las autoridades migratorias en apoyo de la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) reconocieron su problemática, dándole asilo político en el país.

A sus 72 años, con ayuda de ACNUR, coordinado con sus trabajos como ama de llaves, cuidados de menores, entre otras cosas, ha logrado pagar la renta de un humilde departamento y utiliza su tiempo libre para dedicarlo para aprender a escribir y leer.

Por su parte, el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) publicó en 2014 que desde hace 30 años, el paso de migrantes ilegales por el país impide conocer un volumen real por el sencillo hecho de continuar la mayoría de ellos en la clandestinidad.

La guerra no discrimina a nada, toma a rehenes por igual.