Las siete vidas de la amistad entre países africanos y Corea del Norte

Las alianzas gestadas durante la Guerra Fría se resisten a desaparecer. Bajo presión de las sanciones de la ONU y de las amenazas estadounidenses, muchos países africanos se distanciaron de Corea del Norte pero no hasta el punto de darle la espalda.

La impronta del régimen de Pyongyang en el continente salta a la vista, empezando por las estatuas o palacios estalinistas diseñados por arquitectos norcoreanos, de estética a veces discutible, en Windhoek, Dakar, Maputo y Kinshasa.

Pero la cooperación de Corea del Norte (RPCN) con África va más allá de estas construcciones.

Con los años establecieron otros vínculos. Las relaciones comerciales entre ellos ascienden a unos 200 millones de dólares por año. Los minerales y la pesca encabezan las transacciones, seguidos por las armas.

Pese a las sanciones impuestas por la ONU a Pyongyang en 2006, en represalia por su programa nuclear militar, la colaboración continuó.

“Muchos países mantuvieron relaciones estrechas” con Corea del Norte, resume Graham Neville, del centro de reflexión británico Chatham House, y “más de la mitad de los países africanos, o sea una treintena, todavía hacen negocios” con Pyongyang.

La ayuda militar, teóricamente prohibida, preocupa a la comunidad internacional. Un informe de expertos de la ONU publicado en septiembre afirma que once países africanos son sospechosos de mantener negocios militares con el régimen de Kim Jong-Un.

– Ayuda militar –

Según este documento, Corea del Norte suministró armas ligeras a Eritrea y a la República Democrática del Congo (RDC), misiles tierra-aire a Mozambique, modernizó misiles y radares en Tanzania y entrenó a soldados y policías en Angola y Uganda.

En Namibia, los expertos de la ONU siguen de cerca a dos compañías norcoreanas, Mansudae Overseas Project y Komid, que construyeron la sede de los servicios de inteligencia y una fábrica de municiones.

Este tipo de actividades no sorprende. Desde las guerras de la independencia, Pyongyang se ha impuesto como un aliado militar de los regímenes marxistas de África.

“Durante la Guerra Fría, Corea del Norte se forjó una reputación ofreciendo entrenamiento útil y seguro a los soldados africanos”, explica Samuel Ramani, analista de la universidad de Oxford.

La participación de la 5ª Brigada zimbabuense (formada por oficiales norcoreanos) en la represión ordenada a partir de 1982 por Robert Mugabe contra sus opositores es uno de los ejemplos más conocidos.

Y estas alianzas continuaron desde entonces.

Bajo el amparo de la lucha contra el imperialismo, algunos países africanos dejaron la puerta abierta a Pyongyang.

Pero en los últimos meses, el desafío al mundo de Kim Jong-Un, con sus ensayos de misiles y bombas nucleares, obligó a varios de sus amigos a alejarse.

Sudán cortó puentes con Pyongyang, Uganda expulsó a sus asesores militares y prometió “ceñirse plenamente” a las sanciones de la ONU.

Tanzania afirma haber reducido las relaciones hasta “el mínimo”.

– Países amigos –

Namibia afirma haber anulado todos sus contratos con empresas norcoreanas.

“La ruptura se ha consumado. Incluso sus ciudadanos son expulsados”, declaró a la AFP el ministro para Asuntos presidenciales, Frans Kapofi. “¡Se acabó!”

Eso está por ver, considera la ONU. En un informe reciente, sus expertos lamentaron que la mayoría de estos países “no aportaron todavía respuestas sustanciales”.

En general, los países africanos parecen reacios a romper para siempre con Kim Jong-Un pese a las presiones ejercidas por Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Corea del Sur.

En noviembre, 150 cooperantes norcoreanos hicieron las maletas en Angola. Final de contrato, explicaron las autoridades.

“Tenemos obligaciones internacionales que respetar”, reconoció su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Augusto. “Pero no se trata de romper nuestras relaciones (…) es un país amigo que nos acompañó a lo largo de nuestra Historia”.

En resumidas cuentas, Corea del Norte no parece perder a sus “camaradas” africanos.

“Algunos dirigentes africanos admiran, sin duda alguna, la ausencia de pasado colonial de la RPCN y su voluntad de desafiar a los ‘opresores occidentales'”, afirma Neville.

“Además” -añade- “hacer negocios con la RPCN puede ser interesante para algunos regímenes porque no impone condiciones de buena gobernanza como los occidentales. Es especialmente cierto en materia de armamento…”

Con información de AFP

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