¿Por qué buscan tanto ‘enterrar’ a Rex Tillerson?

Los rumores sobre la presunta dimisión del canciller estadounidense alcanzaron el más alto nivel. El mandatario de EEUU, Donald Trump, volvió a reiterar que pese a los desacuerdos existentes, Tillerson no va ser despedido ni planea dimitir. Un columnista de Sputnik investigó el porqué de la atmósfera pesada acerca de la figura del canciller.

En octubre de 2017 Tillerson ordenó cerrar la oficina coordinadora de sanciones dentro del Departamento de Estado. Este paso causó un revuelo en los medios pro Partido Demócrata y echó leña al fuego de la teoría de la supuesta ‘colusión con los rusos’ de la Administración Trump.Pero los planes anunciados por Tillerson ya hace tiempo suponen reformas más drásticas: disminuir la plantilla del Departamento en unas 2.000 personas, y su presupuesto, en un 31%.

“Aunque se espera alcanzar la meta [despedir a 2.000 empleados] para octubre de 2018, ya el Departamento de Estado carece de alto mando: solo 10 de las 44 posiciones superiores están ocupadas (…) El aparato central perderá la mitad de los puestos, de 39 a 19. Y nadie sabe qué pasará allí”, escribe Dmitri Kosyrev, columnista de Sputnik en temas de política.

La principal acusación contra Rex Tillerson es que sus acciones ‘perjudican al Estado’ en medio de múltiples crisis en el mundo: muchos vicecancilleres regionales y embajadores todavía no están designados.Peor aún, el jefe de la diplomacia norteamericana no se abstiene de despedir a las mujeres y a los empleados afroamericanos, unas acciones arriesgadas para cualquier gerente en EEUU, nota el autor.

Por otro lado, un artículo de opinión publicado en Foreign Policy ofreció una interpretación alternativa a los medios prodemócratas. El autor Stephen Walt escribe que ya era hora de reformar el Departamento por sus incesantes fracasos en el escenario global y la crónica falta de entendimiento de la situación política en el terreno.

En vez de hacer diplomacia, la entidad creaba puestos de ‘coordinadores de la lucha antiterrorista’ o ‘de los derechos humanos y de apoyo a la democracia’, que ahora permanecen vacantes, nota el autor.

“La tarea de la diplomacia, en esencia, es hablar. Declarar o explicar algo. Eso fue exactamente lo que hacía el Departamento de Estado. Y este fue su mayor problema”, opina el columnista de Sputnik.

Primero, la entidad carecía de diplomáticos profesionales, al tanto de las tendencias mundiales. Segundo, lograron enemistar no solo a Rusia, sino a la mitad del mundo con sus declaraciones y el carácter de sus lecciones. Tercero, han sido rehenes de la sociedad estadounidense que esperaba exactamente esto: declaraciones semi-propagandistas sobre cómo los demás países deberían vivir y comportarse.El mundo ya está cansado de tal comportamiento, y va rechazando el excesivo ‘moralismo’ de EEUU sobre cualquier asunto mundial.

“Es difícil predecir qué será de la política exterior de EEUU en el futuro. Pero las palabras sobre una reforma, sobre todo una reforma de la plantilla, son significativas. Es más, ya vemos acciones concretas”, concluye el autor.

Con información de Sputnik

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