Tabaco, ajedrez y terapia de rehabilitación para exyihadistas en Siria

En un centro de rehabilitación del norte de Siria bajo control rebelde, dos hombres jóvenes juegan al ajedrez mientras fuman un cigarrillo, actividades aparentemente anodinas pero que tenían prohibidas cuando eran miembros del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

En Marea, localidad rebelde en la provincia de Alepo, el Centro Sirio para la Lucha contra la Ideología Extremista acoge a cerca de cien exyihadistas originarios de Siria, otros países de Oriente Medio y algunos incluso de Europa del Este.

“Yo soñaba con un verdadero ‘estado islámico’”, reconoce Mohamad Haj Ahmad, de 23 años. “Pero ahora seguimos cursos para borrar nuestras antiguos creencias”, agrega este joven originario de Raqa, la excapital del EI en Siria.

Mohamad se unió al grupo ultraradical en el momento de su apogeo, en 2014, año en que autoproclamó su “califato” en las tierras conquistadas en Irak y Siria.

Participó en una de sus batallas más brutales: la toma del aeropuerto de Tabqa, cerca de Raqa, donde los yihadistas ejecutaron a más de 200 soldados sirios.

“Estaba totalmente convencido por sus eslóganes sobre la yihad, convencido de que eran los únicos que practicaban la verdadera religión y que todos los demás eran infieles”, explica Mohamad a la AFP.

Unos antiguos yihadistas del grupo Estado Islámico asisten a clase en el Centro Sirio para la Lucha contra la Ideología Extremista de la ciudad siria de Marea el 30 de noviembre de 2017© AFP Nazeer al Khatib

Él y otros exyihadistas siguen ahora sesiones intensas de “rehabilitación” que deberían permitirles reintegrarse en la sociedad.

“Puede que me lance a los negocios, que continúe mis estudios o que vaya a Europa”, afirma cuando se le pregunta sobre sus planes de futuro.

“Problema de seguridad”

El centro de Marea fue inaugurado el 27 de octubre, cuando los yihadistas del EI, vencidos en la mayoría de sus bastiones sirios, huyeron al norte del país, que debido a la guerra escapa en parte al control del régimen.

Los responsables afirman que se financia parcialmente gracias a los voluntarios que trabajan aquí, sin más detalles.

“Fundamos este centro porque muchos combatientes (yihadistas) llegaban a la parte septentrional de Alepo tras la caída del EI, lo que creó un problema de seguridad”, afirma su director, Husein Naser.

Algunos decidieron entrar en el centro, a otros los trajeron los rebeldes.

Varios hombres rezan en el Centro Sirio para la Lucha contra la Ideología Extremista de la ciudad siria de Marea el 30 de noviembre de 2017© AFP Nazeer al Khatib

Los grupos yihadistas, especialmente el EI, y los rebeldes se enfrentaron en innumerables ocasiones en la compleja guerra que sacude Siria desde 2011, pese a que todos son hostiles al régimen de Bashar al Asad.

En Marea, hay tres categorías de “pacientes”: los sirios que se unieron brevemente al EI, los que combatieron con él mucho tiempo y los extranjeros.

Según Naser, los exyihadistas pasan seis meses en el centro, un periodo que se puede renovar. Una evaluación permite “decidir si la persona puede integrarse en la sociedad o no”.

En el centro, los pacientes entran arrastrando los pies en un aula donde, además de las sesiones de terapia individual y colectiva, se imparten clases de ley islámica, de derechos civiles y de psicología.

Algunos llevan barba, otros se la han afeitado. La mayoría viste un chándal de color vivo bajo una chaleco negro.

“Sueño con esa vida”

“Las clases (…) dan (a los pacientes) una imagen positiva de su persona y de sus capacidades”, afirma el terapeuta psicosocial del centro, Abdelkarim Darwish.

Darwish escucha a los exyihadistas relatar sus historias, tras lo cual realiza sesiones individuales para identificar los factores sociales que les empujaron a entrar en el EI.

Varios hombres almuerzan en el Centro Sirio para la Lucha contra la Ideología Extremista de la ciudad siria de Marea el 30 de noviembre de 2017© AFP Nazeer al Khatib

Durante los descansos, los jóvenes rezan y comen frugalmente sentados sobre unos colchones colocados junto a las paredes de esta sala sin ventanas. Algunos hablan mientras fuman, otros juegan al ajedrez.

“Nunca pensé que me convertiría en yihadista”, afirma Hawas Al Alí, de 26 años.

En 2016 dejó su trabajo como cocinero en el norte de Irak para unirse a la policía del EI en Siria.

“Mi objetivo era la victoria del islam. Pero, después, quise volver a la vida civil, a la sociedad, a mis familiares, a mis hijos”, asegura. Ahora aspira a reanudar su “vida antes del EI”

Ashraf Naser, de 24 años y espesa barba, afirma estar listo para reintegrarse en la sociedad. Pero, ¿nos aceptará la sociedad“, se pregunta.

Entre los extranjeros, solo un ucraniano, Muslim Gadzhimetov, aceptó ser entrevistado. En 2016, llegó a Siria pasando por Turquía. Ese mismo año fue detenido y encarcelado por grupos rebeldes, que después lo trasladaron a Marea.

Hoy asegura: “Quiero volver a la vida civil. Sueño con esa vida”.

Con información de 24 Matins

Ayuda a mantener en línea nuestro WebServer. Te necesitamos para poder seguir haciendo publicaciones y seguir generando contenido.