Un nuevo desarraigo para los migrantes afganos instalados en Francia

Cansados, docenas de afganos amontonan sus pocas pertenencias en un camión, obligados a irse de la pequeña localidad francesa de Forges-les-Bains después de que las autoridades locales decidieran cerrar el centro que los acogió durante dos años.

Un joven cruza a toda velocidad con su maleta en mano el patio de este centro de la región de París. Otro, que lleva suspendido en su brazo decenas de colgadores, choca con una bicicleta abarrotada con bolsas.

Junto a los empleados de la asociación Emmaüs Solidarité, los migrantes se apuran en medio del desorden a desmontar sus camas, amontonar los demás muebles y hacer sus maletas antes de ser trasladados a un nuevo centro, a una ciudad a 30 kilómetros de distancia.

Las autoridades locales decidieron no prolongar, más allá de los dos años previstos, la acogida de migrantes en este centro, un antiguo hospital abandonado desde hace nueve años.

Cuando en 2016 el Estado francés impuso a las autoridades de Forges-les-Bains acoger a 91 afganos, algunos de sus 4.000 habitantes no estaban contentos.

Un edificio del centro fue incendiado, decenas de residentes se manifestaron en las calles junto a miembros de la extrema derecha, se propagaron rumores malintencionados..

“Al principio, la gente decía que eramos terroristas (…) o pensaban que íbamos a dar hachís a los niños de la escuela”, cuenta con tristeza a la AFP Asif Qaderi, de 23 años.

Pero después de este inicio difícil, no se registró ningún incidente, confirmó a la AFP la alcaldesa de la ciudad, Marie Lespert Chabrier.

– Una pérdida de tiempo y dinero –

AFP / STEPHANE DE SAKUTINAsif Qaderi, un migrante afgano de 23 años, en el centro Emmaüs Solidarité de Forges-les-Bains (Francia), el 29 de agosto de 2018

Muchos consideran que esta mudanza es una pérdida de dinero y tiempo, sobre todo en momentos en que Francia necesita estructuras de acogida para migrantes, ya que muchas están saturadas.

Los migrantes desplegaron muchos esfuerzos para rehabilitar este edificio abandonado. Crearon un huerto, un criadero de ovejas y pollos, un taller de mecánica y un campo de fútbol.

“Los locales están adaptados (…), contábamos con una red de voluntarios y socios locales para brindar atención médica a los migrantes y para encontrarles trabajo”, señala Bastien Saint-Ellier, de Emmaüs Solidarité.

“Me da mucha tristeza irme”, admite Asif, en francés, mientras contempla el huerto en el que pasó muchísimas horas. “No entiendo por qué nos vamos, nunca tuvimos ningún problema aquí…”, afirma.

El joven, que cuenta que huyó de su país en 2012 después de haber sido secuestrado junto a su hermano por talibanes que querían convertirlos en kamikazes, muestra con entusiasmo en su móvil las fotos de cenas en casas de residentes de Forges-les-Bains a las que fue invitado, o de platos afganos que cocinó como agradecimiento.

“Espero poder seguir con las clases de francés”, dice, en pastún, Ahmadzi Gul, de 19 años. “En Forges nos sentíamos casi como en un pueblo de Afganistán, era tranquilo y la gente era amable”.

Para Zafar Wadan esta mudanza es un nuevo desarraigo. Este refugiado de 25 años había encontrado un trabajo como cocinero en un restaurante de la ciudad. Ahora debe encontrar un lugar donde vivir y dice sentir mucho “dolor” al separarse de sus amigos.

La alcaldesa de Forges-les-Bains planea convertir las instalaciones en un centro de formación dedicado a vehículos antiguos. “Muchos amantes de los vehículos antiguos circulan por nuestra región”, explica.

Dos años después, sigue sin digerir que el Estado francés le impusiera una decisión, sin importarle la reacción de los habitantes de Forges.

“Llegó como un pelo en la sopa”, señala.”Se necesita más concertación, una visión más nacional, porque estas decisiones tienen un impacto en la vida de la gente”, estima. Ahora le toca a otras ciudades asumir “su parte de responsabilidad”, concluye.

Con información de AFP

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