China apuñala el corazón de la industria petrolera de EEUU

Otro golpe demoledor de China a EEUU en la guerra comercial que los enfrenta. El gigante asiático dejó de comprarle petróleo. Adquisiciones que representaban el 20% de las exportaciones de crudo del país norteamericano. Y su efecto se amplifica si consideramos que el petróleo no integra la lista de productos estadounidenses ‘sancionados’ por China.

Si algo puede salir mal, saldrá mal. Lo dijo el ingeniero aeroespacial Edward Aloysius Murphy al formular su ley en 1949, la popularmente conocida como ley de Murphy. Esto describe al dedillo lo que le está pasando a EEUU como consecuencia de la guerra comercial que su mandatario, Donald Trump, decidió emprender contra Pekín. El presidente de la empresa China Merchants Energy Shipping, Xie Chunlin, declaró que el suministro de crudo se ha parado por completo.

Lo que es más alarmante para EEUU de esta medida es que el petróleo no figura en las listas de sus productos sobre los que pesan los nuevos aranceles por parte de China, pero sus importadores decidieron no hacer nuevos pedidos.

Los números hablan por sí mismos. En septiembre la tasa del suministro fue sólo de 0,6 millones de barriles, cuando en agosto había sido de 9,7 millones, y antes, en mayo, de 13,9. Previo a todo esto, en tiempos no tan pretéritos, las importaciones del combustible estadounidense habían experimentado una subida frenética.Iniciadas en 2016, ya en 2017 las compras crecieron el 923,4%, tras lo cual China llegó a ser el segundo mayor consumidor del crudo estadounidense detrás de Canadá. Durante los primeros nueve meses de 2018, el país asiático adquirió una cantidad de barriles casi igual a la que había adquirido durante todo 2017: 77 millones, contra los 80 del año anterior.

Para EEUU el suministro de petróleo a China llegó a representar un 20% de sus exportaciones, pero para China, suponía sólo alrededor del 3% sus importaciones de crudo, según el diario ruso Vedomosti. En este ínterin, y en el mes de julio, Pekín adquirió una cantidad récord de petróleo a Irán de 806 millones de barriles.

El presidente de la Consultora Ekai Center, Adrián Zelaia, opina que “estamos ante una decisión (por parte de China) que hace un daño muy directo a la capacidad exportadora de EEUU en el ámbito petrolífero, pero que no hay más remedio que enmarcarlo en el contexto de esta guerra comercial en la que están embarcados EEUU y China”.

La afrenta comercial que desató EEUU, que están recibiendo respuestas de Pekín, se resume en una serie de “medidas crecientes y continuadas a las que no se les ve un final claro”, expresa Zelaia.

Es aquí donde entran a tallar otros jugadores. El vicedirector del Centro de Investigación de Rusia y Asia Central de la Universidad China de Petróleo, Liu Qian, cree que China puede sustituir el petróleoproveniente de EEUU con el aumento de los suministros de Rusia, Irán y otros países, al recordar que en 2018 Rusia duplicó los envíos de hidrocarburos a China a través de un gasoducto.Entretanto, la producción de petróleo de Rusia aumentó el mes pasado tocando un nuevo máximo desde la era postsoviética, aprovechando que el país ha eliminado por completo los recortes que había acordado con la OPEP.

Durante el periodo de ‘contención’ de la extracción que se extendió por más de un año, los gigantes del petróleo ruso aprovecharon para mejorar sus instalaciones, buscar nuevos pozos y mejorar su eficiencia. Ahora que el crudo supera los 80 dólares, Rusia está preparada para sacar tajada de su ‘oro negro’.

Al respecto, Matthew Sagers, director gerente de análisis de energía rusa y del Caspio de IHS, observa que “el crecimiento de la capacidad rusa durante los recortes no es una sorpresa, dado que la inversión continuó y lo mismo hizo la actividad de exploración”, al indicar que la producción del país podría aumentar el año próximo un promedio de 300.000 por día.Afilado por las últimas batallitas comerciales ganadas a sus compañeros de continente, Canadá y México, Trump está en posición de “enfocar toda su ira” en China, según analistas consultados por CNBC. Sin embargo, avisan que la táctica que utilizó con sus vecinos y aliados no tiene por qué funcionar con Pekín.

Deborah Elms, directora ejecutiva del Asian Trade Center sostiene que con estos avances, el representante comercial de EEUU, Robert Lighthizer, ahora puede “centrar su atención en China, (…) el verdadero espectáculo”. En la misma línea, Patrick Perrett-Green, estratega de AdMacro, opina que Washington ahora puede “enfocar toda su ira” en China, a medida que “las líneas de batalla continúan endureciéndose”.

Pero Elms sabe que Trump está pisando terreno pantanoso. “La doctrina de Trump de acosar a sus amigos y vecinos está funcionando, (…) Corea del Sur, Canadá, México, Japón y la UE “se han rendido en mayor o menor medida”. Pero matiza que “China es completamente diferente”: en parte porque “lo que Trump y su equipo quieren de China es mucho menos claro”, y en parte porque “a China le importa menos lo que Trump pueda hacer”.

Según Zelaia, en este sentido “Donald Trump se ha lanzado a una campaña que presenta a China como el gran enemigo estratégico de EEUU y que responde a un contexto (…) que afecta también a Rusia. Un contexto en el que se había situado la élite norteamericana (…) en la segunda mitad de los años ’90 fundamentalmente y que hicieron este análisis estratégico de largo plazo en el que visualizaban un crecimiento y un fortalecimiento continuado de Rusia y China que eran potencias independientes que EEUU no controlaba, como por ejemplo ha venido controlando a Europa”.

Así, “la élite norteamericana estaba visualizando que si se dejaban estas tendencias seguir su curso, EEUU iba a perder la hegemonía mundial de la que ha venido disfrutando. Entonces se planteaban como escenario alternativo una serie de estrategias que EEUU tenía que desarrollar para que el siglo XXI siguiese siendo un siglo norteamericano”, observa el analista.

Mientras, varios analistas coinciden en que Trump en su afán guerrerista ha cometido dos errores típicos. El primero es que se ha extralimitado: China es incapaz de ofrecer una balanza comercial bilateral equilibrada porque no puede obligar a su pueblo a comprar productos que no quiere. La clave del comercio de EEUU con China no reside en que sus importaciones sean tan altas: en relación al PIB, son muy similares a las de la UE. La diferencia está en su bajo nivel de exportaciones. Eso muestra falta de competitividad.El segundo es que Trump ha sobreestimado el poder de EEUU. En otras áreas de la política comercial, podrían cerrarse acuerdos. Se podría imaginar cambios en la política china sobre la propiedad intelectual y la exclusión de compañías estadounidenses; pensar en un acuerdo por el que China renunciase a la condición de país en vías de desarrollo, a cambio de que se le trate como una economía de mercado. Pero para alcanzar estos resultados Trump necesita aliados, en especial a la UE y a Japón. Pero no está claro que los quiera: si la propiedad intelectual estuviese más protegida, aún más compañías estadounidenses invertirían en China. Algo que parece ser lo opuesto a lo que quiere Trump.

Para Adrián Zelaia, estos “son comentarios que nos sitúan en la hipótesis en la que no estemos ante una guerra, en el fondo, por la hegemonía política en base a la cual el objetivo real de la élite de EEUU es destruir la capacidad económica china, aunque sea, haciéndose daño a sí misma”.

Con información de Sputnik

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