Cuba y Charles Aznavour, un romance a ritmo caribeño

“Venecia sin ti” suena a ritmo de son en el salón La Tropical Benny Moré de La Habana. La gente baila. En Cuba, las canciones de Charles Aznavour han vibrado esta semana en calles y radios, en una especie de homenaje tras la muerte del cantante francés el lunes.

Quien grabó con él fue el pianista de jazz cubano Chucho Valdés, de 76 años, convocado en 2006 para una memorable producción. “Realmente no me lo creía al principio, yo pensé que me estaban haciendo una broma. Me quedé impactado”, recuerda Chucho sobre esa llamada.

El cantante de origen armenio fue una estrella en Cuba: muchas de sus canciones se tradujeron al español, un idioma que Aznavour no hablaba pero sí cantaba, con un romántico acento francés que cautivó a América Latina.

Jesús “Chucho” Valdés también es una celebridad, considerado uno de los mejores pianistas del mundo y una de las figuras más importantes del jazz y la música cubana.

Y rememora la vez en que el productor de Aznavour lo convocó para “poner un sabor cubano, un sabor caribeño” a las composiciones del cantante: “Había admirado a Charles Aznavour toda mi vida como el artista más grande que se ha dado”, comenta.

Para Aznavour fue la posibilidad de realizar un viejo sueño: visitar la isla socialista, todavía dirigida por Fidel Castro, quien murió diez años después.

– “Al estilo cubano” –

Se aproximó por primera vez a los sonidos cubanos en 1961, cuando tradujo el chachachá “Esperanza” de Ramón Cabrera.

AFP / ADALBERTO ROQUEEl cantante cubano Hugo Garzon, integrante del grupo del popular músico Compay Segundo, durante una entrevista con AFP en La Habana, el 4 de octubre de 2018

Luego, en 1999, grabó en París una versión en español de “Dying to Love”, junto al legendario Compay Segundo, uno de los fundadores de Buena Vista Social Club, además de Hugo Garzón Bargallo, cantor del grupo de Compay.

Fue el propio Aznavour quien les dio la idea de este trío: “Nosotros aceptamos, nos pusimos muy contentos de cantar este tema con ese grande de la canción francesa”, recuerda Garzón en La Habana.

“El pueblo cubano siempre quiso a Charles Aznavour, desde la década de los 60-70. Sus canciones van a seguir viviendo en nuestro corazón, vamos a seguir escuchándolo”, asegura, antes de entonar unas notas de “Morir de amor” a capella.

Aznavour realizó su gran y ansiado viaje a La Habana en 2006, para cocinar su disco “Color My Life”.

Llegó a la isla con una docena de títulos. “Le hice algunos arreglos al estilo cubano”, cuenta modestamente Chucho por teléfono desde Estados Unidos, donde ahora vive.

– “Se murió un amigo” –

La grabación tuvo lugar en los famosos estudios Abdala, por donde han desfilado las estrellas de la canción cubana. “Antes de ir al estudio ensayábamos en el Hotel Nacional”, donde estaba hospedado, cuenta Chucho.

Se quedó unos diez días, con tiempo para ver La Habana. “Dondequiera que pasaba, todo el mundo lo reconocía. Fue increíble. La gente decía: ‘¡Pero es Aznavour!’, entonces le pedían autógrafos, se fotografiaban con él”, recuerda el pianista.

El fruto de este viaje fue un álbum lanzado meses después, con mezclas de jazz y ritmos latinos.

Antes de partir a París, Aznavour compartió una cena con cantantes emblemáticos de la isla, como Silvio Rodríguez o Amaury Pérez Vidal, quien no ha olvidado al hombre “más elegante que ha conocido”.

“Fue realmente impresionante cuando llegó y le dijimos: nosotros empezamos a hacer canciones porque él hacia canciones”, dice Amaury a la AFP.

Recuerda cómo, vestido con un traje azul de botones dorados, Aznavour encendió un cigarro al final de la cena y escuchó con asombro cómo sus colegas cubanos le contaban de la fascinación por su trabajo.

“Me dijo que él pensó que iba a llegar aquí y que iba a grabar con Chucho Valdés y pasar como un francés más. No se dio cuenta de que era un ícono de la cultura, no solo francesa sino también cubana”, relata.

Y no sólo lo recuerdan los grandes artistas. En el salón La Tropical Benny Moré en la capital cubana, decenas de sexagenarios, al ritmo de son y salsa, también lo llevan presente.

“Leí de su muerte en el periódico, de verdad que la sentimos, decir Charles Aznavour es como decir Compay Segundo (…) Yo enamoré mucho con las canciones de Charles Aznavour, se me murió un amigo”, dice Carlos Mesa, un plomero de 62 años, tomado de la mano de su novia.

Con información de AFP

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