El mayor organismo de la Tierra se está muriendo, y es culpa nuestra

El organismo más grande del planeta no es la ballena azul, ni el elefante africano. Es un árbol, o más concretamente una red de 40.000 árboles clónicos conectados por las raíces en Utah. Se llama Pando, pesa alrededor de 5.986 toneladas y nació en algún momento de la última era glacial, hace miles de años.

Pando ha sobrevivido a muchas cosas, pero puede que no nos sobreviva a nosotros. Un nuevo estudio publicado en PLOS One analiza en profundidad la situación actual de este bosque clónico y es preocupante. El Sistema Pando no solo no está creciendo, sino que desde hace 30 o 40 años ha sido incapaz de proseguir su reproducción clónica.

¿La causa? El director de la Alianza Wetern-Aspen en la Universidad de Utah y coautor del estudio Paul Rogers lo tiene claro: “Es culpa nuestra. Los seres humanos estamos en el centro del problema”.

Los seres humanos somos los responsables de que la población de ciervos y ganado de la zona se haya disparado. Estos animales se alimentan de brotes clónicos jóvenes de Pando. Los investigadores han sido incapaces de encontrar un brote del bosque que no esté muerto o dañado.

En su día, los osos, los lobos o los pumas se encargaban de mantener la población de ciervos bajo control, pero la caza y la reducción de su hábitat ha acabado con casi todos. Para colmo, los granjeros de la zona no se molestan en impedir que las vacas pasten en los límites de Pando, contribuyendo al daño de los brotes clónicos. Por supuesto, la culpa de todo esto no es ni de los lobos ni de las vacas, sino de las autoridades federales que no han regulado ambas prácticas. Rogers lo tiene claro:

Los seres humanos son los que deciden cuántos animales hay en esa zona y a dónde van. La cantidad de personas que pasean por la zona y que viven a su alrededor ha limitado la existencia de depredadores naturales y ha contribuido a una sobreabundancia de ciervos.

Entre 2016 y 2017, el equipo de Rogers midió la edad, número y estado de salud de los árboles que forman Pando. Después analizaron los excrementos de la zona para determinar qué cantidad de animales viven sobre este organismo. Durante ese análisis descubrieron que las zonas del bosque protegidas por vallas no lo están tanto. Las cercas apenas se mantienen y están en mal estado en muchos puntos.

El sistema Pando no es como otros árboles. No se reproduce mediante semillas, sino mediante clonación. Cuando detecta que un árbol muere, el organismo envía una señal hormonal que hace aparecer un nuevo brote en algún punto de las raíces del anterior. “Si los árboles mueren y no hay ningún brote que los reemplace es cuando podemos encender la señal de alarma”, explica Rogers.

La frontera de Pando (en amarillo) no ha aumentado en los últimos 40 años.
Photo: Oficina de reconocimiento aéreo de Estados Unidos. Salt Lake City

La falta de crecimiento de Pando es aún más evidente cuando se analizan las fotografías aéreas de la zona desde 1939 hasta hoy. Algunas zonas se han urbanizado para viviendas o campings y el organismo ya no crece en ellas. En otras el ganado y los ciervos se encargan de impedir la reproducción.

El estudio solo analiza problemas locales de Pando, pero deja abiertas no pocas cuestiones. Aún no se ha analizado como el aumento de las temperaturas debido al cambio climático está afectando a esta bosque o a otros sistemas clónicos que hay en Europa. También hay que examinar con más detalle como interactúan los animales con los árboles, para lo que sería preciso instalar cámaras o collares GPS.

De momento la voz de alarma ha saltado. Es hora de que las autoridades locales y federales se coordinen para frenar algunas de las amenazas a este bosque milenario. Aún sabemos muy poco sobre cómo funcionan estos masivos organismos conectados. Para averiguar más necesitamos que permanezcan vivos.

Con información de Gizmodo

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