La ayuda apenas llega a los feudos rebeldes sirios reconquistados por el régimen

Decenas de miles de sirios de las regiones reconquistadas este año por el régimen se encuentran a la espera de ayuda humanitaria, ya que las organizaciones y asociaciones que tenían que suministrársela no pueden acceder a esos sectores.

Muchas oenegés no tienen autorización para trabajar en los territorios controlados por el régimen de Bashar al Asad, por lo que los civiles más vulnerables de varias localidades se han visto privados de alimentos, medicamentos y servicios básicos.

Es el caso de Guta Oriental, a las puertas de Damasco, reconquistada en abril por el régimen tras dos meses de una ofensiva que dejó más de 1.700 muertos. Pero también de los territorios insurgentes de la provincia central de Homs o del sur de Siria, recuperados por el régimen en 2018.

AFP/Archivos / LOUAI BESHARAHabitantes de Duma, en la región siria de Guta Oriental, reciben ayuda humanitaria de la ONU el 26 de julio de 2018

“Decenas de miles de personas están afectadas por el fin de esta ayuda humanitaria”, lamenta Joelle Bassoul, una portavoz de la ONG Care International, cuyos socios locales “cesaron sus operaciones” tras las reconquistas del régimen, ya que “sus equipos temen detenciones”.

Desde el inicio del conflicto, en 2011, la ayuda humanitaria se politizó y aparecieron dos procesos distintos.

Por una parte, la ONU y las organizaciones humanitarias instaladas en la capital sólo pueden intervenir con autorización gubernamental.

Por otra, para escapar a las restricciones del régimen y trabajar con más libertad en las zonas rebeldes, la inmensa mayoría de las organizaciones humanitarias internacionales no están registradas ante Damasco.

Algunos empleados locales de estas organizaciones se vieron obligados a huir o pasar a la clandestinidad.

– “Escasez” –

En la actualidad, este funcionamiento presenta problemas, pues el régimen de Al Asad controla dos tercios de Siria.

“La ayuda que llegaba de las agencias internacionales en el sur se detuvo por completo”, confirma Mohamad al Zoabi, de la localidad de Al Mseifra.

“Hay escasez de harina y de suministros médicos”, añade este hombre de 29 años.

La ayuda a los territorios rebeldes a menudo llegaba desde los países vecinos, sobre todo de Jordania y Turquía.

AFP/Archivos / LOUAI BESHARAMuchas oenegés no tienen autorización para trabajar en los territorios controlados por el régimen de Bashar al Asad, lo que privó a los civiles más vulnerables de productos y servicios básicos

En junio, 66 camiones cargados de ayuda entraron en el sur de Siria desde Jordania, según la ONU. Un mes después, cuando la zona cayó en manos del régimen, no se pudo trasladar ninguna ayuda desde la frontera.

Varias organizaciones internacionales, como el Comité Internacional de Rescate (IRC), Mercy Corps y Save the Children, confirmaron el cese de sus actividades tras la reconquista de sectores rebeldes.

“IRC no está autorizado a trabajar en las zonas gubernamentales de Siria”, explica Lorraine Bramwell, responsable para Siria de la organización, que en 2017 proporcionaba ayuda a más de 300.000 personas en el sur del país.

– “Acceso restringido” –

Los civiles de los sectores que cayeron en manos del régimen pueden acceder ahora a los hospitales gubernamentales. Estas regiones también reciben convoyes de ayuda fletados por la Media Luna Roja siria.

Pero, según habitantes contactados por la AFP, a menudo es difícil acceder a las infraestructuras gubernamentales y la ayuda de la Media Luna Roja es menor que la que aportaban las oenegés internacionales.

Otras personas son reticentes a solicitar servicios gubernamentales por el temor a represalias tras años bajo control rebelde.

AFP/Archivos / LOUAI BESHARAMiembros de la Media Luna Roja siria distribuyen ayuda humanitaria el 26 de julio de 2018 en Duma, en el antiguo bastión rebelde de Guta Oriental, que cayó en manos del régimen sirio en abril

Habitantes de Talbisé, en la provincia de Homs reconquistada en mayo por el régimen, también sufren escasez de medicamentos y alimentos.

“Había un hospital operativo y tres centros médicos antes de la llegada del régimen. Todo cerró porque ahora deben registrarse ante los ministerios”, cuenta a la AFP Sami, de 20 años.

Las oenegés aún gozan de una cierta libertad de actuación en Idlib (noroeste), el último gran bastión insurgente de Siria. Pero en otros lugares, a las oenegés internacionales no les queda otra que acreditarse ante el régimen.

“¿Será posible tener un mejor acceso los próximos meses, ahora que no hay ninguna amenaza existencial para el régimen y que la guerra está casi ganada”, se pregunta Arnaud Quemin, director para Siria de Mercy Corps.

Con información de AFP

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