La pregunta de un niño que ha suscitado un fascinante debate astrofísico: ¿puede una luna tener luna?

En 2014, el hijo de la astrofísica Juna Kollmeier le hizo a esta una pregunta que ha terminado iniciando un debate científico interesante: ¿Las lunas tienen lunas? A día de hoy, lo único que sabemos con seguridad es que nunca hemos visto una… un momento… ¿Cómo llamaríamos a una luna de una luna?

Aunque resulte extraño, a día de hoy aún no tenemos constancia de que una luna pueda tener su propia luna. Los planetas que forman nuestro Sistema Solar tienen satélites naturales a los que llamamos genéricamente “lunas”, pero ninguno de estos satélites tiene a su vez otra luna orbitando a su alrededor. ¿Es mera coincidencia o es que es astrofísicamente imposible?

Juna Kollmeier ha dedicado varios años a responder a esta pregunta con la colaboración del astrónomo de la Universidad de Burdeos Sean Raymond y la respuesta es complicada. “Apenas estamos arañando la superficie en la cuestión de por qué El Sistema Solar no tiene este tipo de lunas y cómo se interpreta eso a la hora de explicar su formación,” explica Kollmeier a Gizmodo.

Un precario equilibrio

Sin embargo, la cuestión de si una luna puede tener luna es más importante que nunca. El descubrimiento reciente de una exoluna enorme en otro sistema estelar apunta a que es muy posible que ese tipo de satélites puedan tener sus propios satélites. ¿Qué haría falta para que existieran?

Según Kollmeier y sus colegas, para que una pequeña luna de alrededor de 10 kilómetros de radio pueda subsistir en la órbita de una luna más grande, esta tiene que discurrir por una órbita muy alejada del planeta en torno al que orbitan. De lo contrario el tirón gravitatorio de este haría pedazos el satélite secundario, lo atraería hacia sí hasta destruirlo, o lo lanzaría al espacio.

Representación artística de la exoluna en Kepler-1625b
Illustration: Dan Urda

Sin embargo, es posible que el precario equilibrio de gravedades necesario para que una luna tenga su propia luna puede darse en otros sistemas estelares. La reciente exoluna descubierta en Kepler-1625b es del tamaño de Neptuno y orbita alrededor de un descomunal exoplaneta con 10 veces la masa de Júpiter. Es muy posible que esa exoluna pueda tener una o varias pequeñas lunas.

Curiosamente, nuestra propia Luna reúne las condiciones necesarias para tener su propio pequeño satélite. Ahora mismo no tiene ninguno, pero en unos años tendrá una nueva estación espacial.

Exolunas, sublunas y lunas-lunas

La astrofísica Michele Bannister, de la Universidad Queens en Belfast añade que la existencias de lunas en otras lunas es muy probable. Al fin y al cabo ya conocemos sistemas realmente extraños como el de Plutón y su satélite Caronte. Plutón es un planeta tan pequeño y Caronte una luna tan grande que el segundo no gira alrededor del primero, sino que ambos giran uno alrededor del otro con una especie de punto intermedio como foco. Otras cuatro pequeñas lunas orbitan ese mismo punto en un equilibrio cósmico sorprendente.

La última cuestión, aunque anecdótica, tiene su enjundia. ¿Cómo llamaríamos a la luna de una luna? Kollmeier y otros muchos astrónomos emplean el término subluna (submoon), pero no faltan los estudios científicos que denominan a estos objetos lunas-lunas (moon-moon). Si la Luna tiene lunas-lunas, ¿los exoplanetas tienen exolunas con exolunas-lunas? Solo el tiempo lo dirá. [vía arXiv]

Con información de Gizmodo

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