Víctima de dictadura: “Brasil hizo un trabajo muy serio de desmemoria”

El 25 de octubre de 1975, el periodista brasileño Vladimir Herzog fue torturado y asesinado en un cuartel del Ejército en Sao Paulo, en plena dictadura militar; ahora, 43 años después, su hijo lamenta que el país haya optado por un candidato que idolatra a torturadores y siente nostalgia del gobierno de facto (1964-1985).

En una entrevista con Sputnik, Ivo Herzog, dijo que parte del fenómeno que está aupando al ultraderechista Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal) a la presidencia tiene que ver con el relato que el país ha construido sobre su pasado.

“La diferencia entre Brasil y otros países que vivieron regímenes totalitarios es que allí hubo políticas de memoria; la mayoría de la población conoce los desmanes del Holocausto, a pesar de que el 90% de alemanes no vivió el nazismo (…) Brasil, en cambio, hizo un trabajo muy serio de desmemoria”, afirmó.

Herzog recuerda que, hasta hace pocos años, para conocer la historia de su padre había que viajar hasta un museo sobre periodismo en Washintgon (EEUU) y recién fue durante la alcaldía de Fernando Haddad (2013-2017, Partido de los Trabajadores) cuando Sao Paulo le hizo un pequeño homenaje e inauguró una estatua en su ciudad.Entre muchos brasileños pervive la idea de que la dictadura militar fue una “dictablanda” en comparación con lo que ocurrió en Argentina, Chile o Uruguay.

Para Herzog, esa idea es muy peligrosa: “¿Matar a más de 400 personas no es grave sólo porque no matamos a 10.000? Tenemos esa percepción porque Brasil no hizo una ruptura con su pasado, derribamos la dictadura, pero no investigamos y colocamos en la cárcel a los responsables de las atrocidades cometidas”.

En 1979, el Gobierno de los militares promulgó la Ley de Amnistía, que impidió que ningún militar o agente del Estado fuera condenado por sus crímenes, por lo que desde entonces la impunidad ha sido la regla general.

En 2012, la expresidenta Dilma Rousseff (2011-2016), encarcelada durante el Gobierno militar, impulsó una Comisión Nacional de la Verdad (CNV) que concluyó que en la dictadura hubo 434 muertes por motivos políticos y miles de desaparecidos, aunque los propios especialistas que elaboraron el informe consideran que las cifras son muy conservadoras.Bolsonaro, en su papel de diputado, fue uno de los políticos que más se opuso a esa comisión y sobre los familiares que buscaban a sus parientes desaparecidos dijo que “quien busca huesos es el perro”, además de boicotear las visitas de los supervivientes a los centros donde habían sido torturados presentándose por sorpresa para intentar desestabilizarles emocionalmente.

El favorito en la carrera electoral también ha dicho que el error de la dictadura fue “torturar y no matar” y considera un héroe nacional al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, jefe del principal aparato de torturas, el “pavor” de Rousseff, según proclamó sonriendo en la votación que apartó a la expresidenta del poder.

Para Herzog, los brasileños llegaron a abrazar la candidatura de este capitán militar por una cultura social históricamente basada en la violencia y en el desconocimiento y por el proceso de “deconstrucción política” que ha vivido Brasil en los últimos años, con las instituciones totalmente debilitadas.A modo de ejemplo, cita la descomposición del Poder Judicial, que pasó a ejercer un papel de actor político, y alerta sobre unas recientes declaraciones del presidente del Tribunal Supremo Federal, Dias Toffoli, cuando dijo que en 1964 más que un golpe militar lo que hubo fue un “movimiento”.

“Eso da miedo, me asusta más que una victoria de Bolsonaro, porque las instituciones del Estado se están corrompiendo dentro de su papel en el Estado de Derecho, vivimos en un Estado de excepción”, asegura.

Al margen de la actualidad política de Brasil, Ivo Herzog y su familia siguen luchando por la memoria de su padre; en julio lograron uno de sus principales objetivos: la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al país por crímenes contra la Humanidad.

Herzog aún espera una manifestación solemne del Gobierno, unas disculpas oficiales de las Fuerzas Armadas comprometiéndose a no repetir esos crímenes y un acto público de reparación para su padre y para todas las víctimas.Cuando Vladimir Herzog, “Vlado”, como era más conocido, fue asesinado, Ivo tenía 9 años: el periodista, que trabaja en la televisión Cultura, se presentó voluntariamente ante los militares en un cuartel para aclarar presuntas conexiones con “actividades delictivas” por su cercanía al ilegalizado Partido Comunista.

Durante el interrogatorio, Herzog fue torturado hasta la muerte, pero sus verdugos dijeron que se había suicidado, difundiendo una fotografía en la que se le veía ahorcado pero con los pies tocando el suelo.

La muerte del periodista desencadenó fuertes protestas y fue uno de los gérmenes del movimiento popular que llevó a la restauración de la democracia.

Con información de Sputnik

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