El Galaxy Watch es el smartwatch que me ha convencido de usar un smartwatch

Esto iba a ser un análisis del Galaxy Watch, pero ha acabado siendo la historia de un señor con las manos muy grandes que lleva mucho tiempo buscando un reloj a juego. Spoiler: parece que lo ha encontrado.

Mi idilio con los relojes inteligentes empezó hace más de tres años, cuando compré el Apple Watch original. El primer inconveniente apareció al sacarlo de la caja: la pulsera era demasiado pequeña para mi muñeca, y tuve que comprar una de esas correas de lujo de Apple que incrementan el precio final en $170 (por entonces no había tantas correas de terceros como hay ahora). Otro problema se hizo evidente con el pasar de las semanas: adaptar una interfaz de pantalla táctil a un reloj de muñeca no es una tarea sencilla y, aunque Apple diseñe interfaces como nadie, sus ingenieros no contaron con el insigne tamaño de mis manos.

Para ser un dispositivo tan delicado, el Apple Watch me resultaba demasiado tosco (o yo le resultaba a él demasiado torpe, no estoy seguro). Más allá del seguimiento de la actividad (y aclaro que no soy un gran aficionado al deporte, aunque a veces lo intente), delegar cualquier tarea del teléfono al reloj me parecía absurdamente ineficiente. Esto hizo que mi Apple Watch se convirtiera en un carísimo contador de pasos (como me podría haber pasado con el Moto 360, que era el otro smartwatch de la época), así que lo vendí y no volví a comprar otro hasta el mes pasado, convencido de que, con el Series 4 y su pantalla de mayor tamaño, había llegado mi momento.

Las cosas han mejorado espectacularmente desde aquel primer Apple Watch (un mejor altavoz y una Siri más inteligente y proactiva hacen que apenas tengas que tocar el reloj con los dedos), pero el problema de base sigue ahí: la pantalla es marginalmente más grande y el tamaño de la caja es el mismo. El Apple Watch sigue sin ser un dispositivo que yo, personalmente, pueda controlar con facilidad, ni tampoco un reloj que luzca bien en mi muñeca XL. (Tampoco creo que usar Siri sea la solución definitiva para el problema de la interacción, porque la voz no es un recurso adecuado para todos los contextos). Pero entonces Samsung me mandó un Galaxy Watch para que lo analizara y pasó algo inesperado: yo, el fanboy de Apple, devolví el Apple Watch y empecé a llevarme el reloj de Samsung a todas partes.

Photo: Matías S. Zavia

Tengo varias cosas que decir sobre el Galaxy Watch, pero voy a empezar por esta: el Apple Watch es tecnológicamente superior, de eso no me cabe duda. El reloj de Apple es notablemente más rápido que el de Samsung, y sus sensores están a un nivel de perfeccionamiento tan superior que pueden hacer cosas como detectar caídas y dibujar electrocardiogramas. Incluso los pequeños detalles marcan la diferencia, como el motor háptico que te da un toquecito sutil en la muñeca cuando necesita llamar tu atención (el Galaxy Watch vibra como un teléfono). Y también está, por supuesto, el tema de las aplicaciones de terceros, que en el Apple Watch se mide en miles, mientras que en el Galaxy se mide en cientos.

Sin embargo, el Galaxy Watch se adapta mejor a mí. Primero, porque existe un modelo de 46 mm, que me sienta como un guante (el reloj más grande de Apple mide 44), y segundo, porque su interfaz tiene bastante más sentido. En lugar de jugar al ensayo error, como los fabricantes de Android Wear, Samsung se ha mantenido fiel al diseño circular con bisel giratorio de su línea Gear. Este bisel, que ha ido perfeccionando con los años en paralelo al sistema operativo Tizen, es lo que marca la diferencia.


El Galaxy Watch (y Tizen, en conjunto) es un producto muy autoconsciente de las limitaciones que tienen los smartwatches. Puedes hacer varias cosas con ellos, pero lo que acabarás haciendo con mayor probabilidad será monitorizar tu salud y leer tus notificaciones. Partiendo de esa premisa, el reloj de Samsung divide su interfaz en dos: izquierda y derecha.

Si giras el bisel a la izquierda, en el sentido contrario a las agujas del reloj, accedes a las notificaciones. Si giras más rápido, irá más rápido; si giras con calma, irá con calma. No hay WhatsApp en el Galaxy Watch, pero puedes contestar a los whatsapps desde las notificaciones. Pulsa sobre un mensaje cualquiera y tendrás cuatro opciones para responderlo: con un emoji, con una frase predefinida, con el dictado o con un pequeño teclado alfanumérico. Desliza el dedo hacia arriba y borrarás la notificación..

Si giras el bisel hacia la derecha, en el sentido de las agujas de reloj, accedes a los widgets: el tiempo en tu ciudad, tu calendario, tus contactos, tus alarmas, el reproductor de Spotify, un resumen del ejercicio que has hecho hoy, un contador de calorías, una medida de tu ritmo cardiaco respecto a la media, las estadísticas de sueño, un medidor de estrés que francamente no sirve para nada, un resumen de noticias de Flipboard, un altímetro y un barómetro, un contador de los vasos de agua que has bebido y todo lo que quieras añadir (el número y el orden de los widgets es personalizable, al igual que la esfera de la hora).

Por básico que parezca, este es uno de los diseños más elegantes y funcionales que he visto en un smartwatch (tampoco es muy difícil; hay muy pocos sistemas operativos para relojes inteligentes). Interactuar con el bisel es más natural e intuitivo que hacerlo con la corona del Apple Watch (de hecho, es el bisel lo que define el diseño de los menús, de los widgets y de las aplicaciones). El bisel está tan integrado con el sistema que a veces me olvido de que el reloj tiene dos botones: el de inicio y el de atrás. Pulsa el de inicio para ver la hora, vuelve a pulsarlo para desplegar el cajón de aplicaciones y púlsalo dos veces seguidas para invocar a Bixby (o mejor no lo hagas: el asistente virtual de Samsung está tan verde que solo funciona en inglés).

El botón atrás, aparte de deshacer el último paso, puede activar Samsung Pay. Probé el servicio de pagos móviles de Samsung en un Mercadona y me sentí ridículo (prefiero pagar con el teléfono que hacer un extraño giro de muñeca sobre el datáfono solo para evitar sacar el teléfono del bolsillo).


El Galaxy Watch es un accesorio grande, pero lo suficientemente elegante y sobrio para vestir con cualquier cosa. También es un potente rastreador de fitness que tiene 39 entrenamientos específicos y la capacidad de registrar actividades de forma automática, sin necesidad de indicarle que vas a hacer ejercicio. En la práctica, esto funciona muy bien cuando sales a caminar o a correr (o incluso a montar en bici), pero menos bien cuando vas al gimnasio o intentas hacer una rutina de ejercicios en casa (para eso, es más fiable iniciar manualmente el registro de la actividad, como se hacía antaño). El reloj también es capaz de pausar una actividad si te paras a hablar con alguien o a hacer pis.

Como en otras plataformas, toda la actividad queda registrada en una aplicación que se sincroniza con el teléfono (Samsung Health) y allí puedes acceder a un montón de estadísticas: distancia recorrida, elevación, marcas personales, rutas registradas por el GPS, retos para medirte con el resto de usuarios de Samsung y, una que me interesa especialmente, los registros de sueño.

Se puede acceder a Samsung Pay manteniendo pulsado el botón atrás
Photo: Matías S. Zavia

El medidor de sueño viene integrado en el reloj y funciona sin que tengas que configurar nada. A veces lo he encontrado errático (quizá porque comparto cama con mi mujer y con un perro desobediente que se sube en mitad de la noche), pero por lo general atina con las horas que paso dormido. Además, ofrece un desglose bastante completo de la calidad del sueño y de las horas que he tenido de sueño ligero, REM y sueño profundo.

Aparte del ejercicio, el sueño, el nivel de estrés y la frecuencia cardiaca, en Samsung Health también puedes llevar un registro de tus comidas y de tu peso, por lo que (si no eres muy exigente) no tendrás que recurrir a ninguna aplicación de pago para controlar tu salud. Aun así, en la tienda tienes algunas de las más conocidas, como Strava y MyFitnessPal.


Hay tres modelos de Galaxy Watch. El que he probado cuesta 280 dólares (330 euros), pero hay uno más caro con LTE y otro más barato de 42 mm (mucho más discreto si tienes una muñeca mediana o pequeña). La pantalla es una sAMOLED de 1000 nits que se ve perfectamente a la luz del día. El sistema es Tizen OS 4 y no pocas veces se resiente con esos escasos 768 MB de RAM. Tiene NFC para pagos contactless, pero no tiene MST para datáfonos de banda magnética. Es resistente al polvo y al agua (un poco menos al polvo que al agua, a juzgar por una mota de polvo que en una ocasión me atascó el bisel giratorio y que, por suerte, pude eliminar con agua) y aguanta una presión de hasta 5 atmósferas, por lo que puedes nadar con él. También tiene GPS y es bastante preciso (al menos mis rutas en bici las registró sin problema).

Y poco más.

Los smartwatches hacen bien tres cosas: las notificaciones, el acceso rápido a algunas de las funciones principales del teléfono (incluido llamar por teléfono), y el fitness. Lo interesante de este reloj es que ordena las tres cosas en una interfaz inteligente, intuitiva y diría que autosuficiente (solo le falta un navegador GPS para hacer todo lo que quiero al sacarlo de la caja).

Creo que queda claro que me ha gustado, pero eso no significa que no tenga problemas. Aunque sea compatible tanto con Android como con iOS, el Galaxy Watch tiene mucho menos sentido si usas un iPhone (no podrás contestar a las notificaciones y estarás condenado a una conexión Bluetooth de baja energía, lo que te limitará mucho si el reloj no está conectado a una wifi).

El Samsung Galaxy Watch de 46 mm y el Apple Watch Series 4 de 44 mm en unas muñecas pequeñas
Photo: Matías S. Zavia

También me encontré con problemas de conexión cuando sincronicé el Galaxy Watch con un Google Pixel (el reloj se desconectaba con bastante frecuencia, lo que llegó a ser frustrante), y tuve que instalar un montón de aplicaciones y plugins (y aceptar un montón de términos de privacidad) para poder usarlo. En cambio, todo fue como la seda cuando sincronicé el reloj con un Samsung Galaxy (el Galaxy detectó el reloj al instante en cuanto estuvieron cerca, sin que yo hiciera nada).

Algunos de los problemas que menciono se pueden evitar si compras la versión LTE del reloj, pero, honestamente, pagar por una segunda línea para un dispositivo que difícilmente te libra de llevar el teléfono en el bolsillo me parece excesivo. Quizá en un futuro, especialmente si Samsung consigue atraer a más desarrolladores, el Galaxy Watch deje de ser un complemento del teléfono. Por ahora, es lo que es. Un smartwatch potente, pero sin pretensiones, que se centra en hacer aún mejor lo (poco) que los smartwatches ya hacían muy bien.

Con información de Gizmodo

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