En un vaso de chupito caben 7.200 mosquitos vivos (y es un descubrimiento fantástico para la ciencia)

Mucho más letal que los tiburones, lobos, osos o cualquier otra bestia con colmillos, el mosquito posee el título del animal más mortal del mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que millones de personas mueren cada año por enfermedades transmitidas por mosquitos. Afortunadamente, los científicos han ideado una estrategia para reducir considerablemente su población, pero esa estrategia requiere enviar decenas o incluso cientos de miles de ellos a diferentes áreas del mundo, y a menudo por correo.

Podrías suponer que haría falta un paquete bastante grande para enviar todos esos miles de mosquitos. Pero un nuevo estudio ha descubierto que realmente los malditos insectos se pueden comprimir en un espacio ridículamente pequeño, y seguirán vivos. De hecho, hasta sobrevivirán al viaje mejor que los mosquitos que han sido empaquetados ‘sueltos’.

¿Cómo de pequeño es ese espacio del que estamos hablando? Según un nuevo estudio, publicado el miércoles en Journal of Insect Science, el número óptimo es alrededor de 240 mosquitos por cada centímetro cúbico. Eso son alrededor de 1.200 mosquitos en una sola cucharadita, y hasta 2.500 en una jeringa de 10 mililitros. Otra forma de imaginárselo: en un vaso de chupito caben 7.200 mosquitos vivos.

El equipo, dirigido por investigadores de la Universidad Estatal de Nuevo México, llegó a este cálculo después de realizar una serie de experimentos tanto en el laboratorio como en el mundo real. Hasta enviaron insectos a través del correo postal. Su intención era descubrir la mejor manera de usar a estos molestos chupasangres para salvar vidas.

En la década de 1950, los científicos idearon una forma muy inteligente de erradicar insectos peligrosos sin usar pesticidas. Se llama técnica de insectos estériles. Básicamente, se trata de criar una población enorma de insectos machos en un laboratorio y de esterilizarlos sin que sufran daño. Después, son liberados en la naturaleza, con la esperanza de que se reproduzcan con las hembras salvajes. De esta manera las hembras acaban poniendo unos huevos que nunca alcanzarán su madurez, y la población general acaba disminuyendo.

El primer insecto con el que se intentó está técnica con éxito, fue con la Cochliomyia hominivorax, también conocida como mosca del gusano barrenador. Desde entonces, la técnica se ha utilizado para erradicar diversas poblaciones de moscas de la fruta y polillas. Hoy en día, los investigadores, incluidos los científicos detrás de este último estudio, están comenzando a probar si puede funcionar con el animal más letal del mundo, el mosquito.

Pero según el investigador Immo Hansen, el uso de la técnica en mosquitos representa un obstáculo logístico más grande que hacerlo en la mosca del gusano barrenador.

“Los mosquitos machos son muy perezosos. No les gusta volar mucho”, dijo Hansen a Gizmodo. “Durante toda su vida, apenas volarán unos 100 o 200 metros, no más”.

Debido a su pereza de los machos, las campañas de erradicación necesitan que los mosquitos estériles estén lo más cerca posible de la zona a tratar. El uso de drones aéreos puede ayudar, pero todavía debemos asegurarnos de que estén bien empaquetados y puedan ser liberados de manera segura, sin matarlos o mutilarlos accidentalmente.

Hansen y su equipo realizaron experimentos en su laboratorio para encontrar las condiciones de envío ideales para los mosquitos. Probaron varias temperaturas para mantener tranquilos a los insectos. También probaron cómo de bien podían comprimir a los mosquitos en varios tamaños de jeringas. Luego fueron un paso más allá y enviaron miles de ellos desde Nuevo México a sus compañeros de la Universidad de California, Davis.

Los mosquitos estaban bien por lo general y se mantenían refrigerados a una amplia gama de temperaturas, aunque descubrieron que la temperatura ideal es de 14º Celsius. Sobre el papel no parecía que hubiera una diferencia importante en la tasa de supervivencia de los insectos relacionada con la compresión de los animales. Pero todo cambió al probarlo en la realidad.

“Resulta que los mosquitos que habían sido comprimidos sobrevivieron al viaje mucho mejor que los que iban sueltos”, dijo Hansen. “Creemos que esto se debe a que las vibraciones del avión dañan a los mosquitos que están poco comprimidos”.

El siguiente paso es probar la teoría de que las vibraciones causan más muertes en los grupos que van holgados. También esperan llevar a cabo pruebas para asegurarse de que los espacios atiborrados de mosquitos no afectan a la capacidad de apareamiento (estéril) de los mosquitos.

Y por si te lo estás preguntando, sí, es legal enviar mosquitos (y otros insectos) a través del Servicio Postal de los Estados Unidos, siempre y cuando sigas sus reglas. [Journal of Insect Science]

Con información de Gizmodo

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