Fotografía del aura: cómo funcionan las cámaras Kirlian y el bulo pseudocientífico que arrasa en Instagram

Chi, praná, yliaster… hay una gran variedad de nombres que tratan de definir eso que no alcanza al tacto y que precisamente por ello es la imagen para muchas de las creencias místicas de la civilización: el aura humana. Esta es la historia de cómo la fe en el aura trató de disfrazarse de ciencia.

Hace dos años la gente comenzó a gastar grandes sumas de dinero en cristales. Los vendedores utilizaban Instagram respaldados por algunas celebridades anunciando sus supuestos poderes curativos. Algunos defensores afirmaban que desbloquean el chakra del sacro, otros que amplificaban o transferían energía positiva.

Diferentes piedras con las que obtener diferentes habilidades: el cuarzo estimulaba la función cerebral, el ojo de tigre aumentaba la conciencia, la pirita se alejaba del peligro y la amatista curaba las resacas. Por supuesto, estos cristales no son mágicos, pero está íntimamente relacionado con la historia que vamos a contar, en el fondo es una repetición de otra y de otra… en la que el ser humano busca desesperadamente aferrarse a algo que ofrezca significado, consuelo o curación, mientras otros ven la oportunidad de aprovecharse de ello.

En la década de 1990, Harry Oldfield, un ex profesor de ciencias, decide que el club de ciencias de su escuela secundaria debería investigar la fotografía de Kirlian, una que supuestamente representa las auras electromagnéticas que rodean a los objetos animados.

Image: fotografía de Kirlian de una yema del dedo masculino (Wikimedia Commons)

Poco después, un hospital local lo invitó a experimentar con imágenes Kirlian de células cancerosas y normales en sus pacientes. Oldfield decía estar horrorizado por lo que encontró. Lejos de curar a los pacientes, “muchos tratamientos convencionales los estaban empeorando, y yo tenía las fotos para probarlo. Cuestioné sus terapias y me dieron órdenes de que me fuera”.

El hombre contaba que aquello le hizo reflexionar y dejar su trabajo docente para estudiar un doctorado en medicina homeopática mientras continuaba desarrollando generadores de campo electromagnético para mejorar sus imágenes.

Mientras tomaba fotografías Kirlian de grandes cristales de cuarzo (luego explicaremos con detalle este tipo de fotografía), Harry notó que “tenían una resonancia natural con el campo electromagnético”: ideó un circuito electromagnético combinando los dos, y descubrió que tenía “efectos profundos” en el cuerpo humano.

Image: fotografía de Kirlian de una yema del dedo femenina (Wikimedia Commons)

Así nació lo que denominó como electrocristalografía, la misma que contábamos más arriba y que hace dos años comenzó un revival.

Oldfield montó la Escuela de Terapia de Electro-Cristal y desde entonces cree que su técnica ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de una variedad de trastornos y enfermedades que van desde el cáncer de huesos hasta la esquizofrenia. Según decía:

Los antiguos egipcios y sumerios sabían de las propiedades curativas de ciertos cristales, pero descubrí que con la electrónica se podían excitar y producir un campo rico en vibraciones, rico en armónicos, que le gusta al cuerpo. Piénsalo, es como un masaje a nivel molecular.

Oldfield cobraba por horas su terapia con electrocristales y recorrió parte de Sudamérica con sus milagros. A los niños y las personas con enfermedades terminales simplemente se les pedía una donación.

Hay muchos más como Oldfield. Harold Moskovitz tenía un programa de televisión en Chile bajo el título de “Desarrollo de Luz Dorada”. Afirmaba que proporcionaba todo tipo de curación a través de formas esotéricas, como leer el aura y luego proporcionar técnicas para resolver los problemas que se encuentran en él.

Básicamente, el programa pretendía brindar alivio, y todo lo que uno tenía que hacer era asistir a uno o dos seminarios (previo pago) para aprender este tipo de espiritualidad mística. Por su programa pasaban personas que juraban haberse curado de varias enfermedades graves, incluso una mujer sostuvo una radiografía de tumores que tenía. Ahora decía estar curada por arte de magia.

Decía Gwyneth Paltrow (antes actriz, hoy pitonisa) en su libro de estilo de vida Goop, que todos deberíamos acercarnos a las fantásticas lecturas de nuestro aura que abundan en las grandes ciudades. En esencia, Paltrow se refería a las sesiones fotográficas que existen en lugares como Nueva York o San Francisco, espacios que casualmente ya existieron hace mucho tiempo.

En ellas, el cliente se sienta frente a una cámara de aura. Se trata de una caja grande sentada sobre un trípode, conectada a su vez por cables a dos cajas con placas de metal que delinean una mano en cada una. El cliente se sienta en el taburete y pone sus manos sobre los sensores metálicos que están enganchados a la cámara. Normalmente se recuerda que es muy importante mantener contacto firme con los sensores. De ser así, en unos segundos tendremos una fotografía capaz de radiografiar nuestro aura.

La semana pasada Molly McHugh escribió un estupendo reportaje sobre el auge del aura fotográfica gracias a una herramienta de uso diario por millones de personas: Instagram. Que la aplicación permita al usuario mostrarle su “fuerza vital” en una instantánea fue sinónimo de negocio para muchos.

En la red social existen cientos de retratos similares a los de Polaroid, en ellos los tonos salpican sobre los retratados para crear ese efecto parecido a la pintura derramada, como si alguien hubiera vaciado frascos de pintura en la parte superior del encuadre.

Gracias a ello, Julia Summers empezó su negocio Auradome. Compró una AuraCam 6000 que le costó 10 mil dólares para realizar sesiones por 40 dólares. Según le explicaba a McHugh:

Cada foto es dos exposiciones. La primera es una imagen normal y la segunda es la electricidad de tu cuerpo medida por los sensores de mano que se traducen en colores. Tengo experiencia en fotografía y solía dirigir un negocio de fotomatón, por lo que el aspecto comercial se volvió natural para mí.

Un negocio que también encaja en toda clase de curanderos o lectores de cartas del tarot que abundan en Instagram, y que con el revival de la fotografía Kirlianhan visto su agosto acompañando sus publicaciones etéreas, motivacionales e indulgentes.

No obstante, estos son inofensivos si los comparamos con la oscura relación que guarda con la llamada cromoterapia (o terapia del color), una terapia alternativa, considerada como pseudocientífica, que sostiene que la luz o los entornos que tienen determinado color son útiles para el tratamiento o la curación de enfermedades.

Ahora hay negocios que utilizan una máquina llamada Biopulsar-Reflexograph que “capturan un aura” humana, y que dicen poder fotografiar órganos individuales. El peligro de esto es que los creyentes afirman que la máquina puede decir si una mujer se ha sometido a una histerectomía, si tiene cáncer o si el hígado de alguien está enfermo.

Algunos de estos dispositivos están certificados en países europeos, e incluso McHugh explicaba que las compañías de seguros médicas alemanas le dijeron que aceptaban la máquina como un dispositivo preventivo holístico.

Contaba Tim Caulfield, profesor de derecho y director de investigación en la Universidad de Alberta, que aunque la fotografía del aura no está a la par de los movimientos que combaten la vacunación o el cambio climático, sí podría ser una puerta de entrada a otras “ciencias” alternativas.

Lo curioso de toda esta historia es que no es nueva. Todo esto ya se sabía hace mucho tiempo, quizás demasiado para las nuevas generaciones. Como apunta William Coker, profesor de física en la Universidad de Texas, “el interés por las tonterías y la pseudociencia es caprichoso y va en ciclos. No escucharás nada sobre los platillos voladores y los OVNIs durante varias décadas, y luego, de repente, vuelven a ser noticia sin ninguna razón aparente”.

O sí. La oportunidad de negocio con esas nuevas generaciones.

El concepto de aura, definido como la energía que irradia de cada persona y se manifiesta en diferentes colores invisibles para el ojo no entrenado, aparece en una serie de prácticas religiosas como el budismo. El problema es que algunos profesionales de la medicina alternativa también lo conocen como una herramienta de diagnóstico de la personalidad, la salud y la suerte de un individuo. Un negocio muy peligroso.

Para entender realmente el origen de este tipo de fotografía hay que remontarse a la década de 1930 en la casa de una pareja rusa.

Kirlian, Coggins y la fotografía de aura

Suele ser bastante raro, por no decir excepcional, que los pseudocientíficos se ocupen de cualquier fenómeno real existente. Cuando se trata de un fenómeno real, generalmente es conocido por la ciencia pero casi totalmente desconocido para el público en general, por lo que puede publicarse como un nuevo descubrimiento. La historia de Kirlian es un buen ejemplo de ello.

En 1939, el electricista Semyon Davidovich Kirlian hizo un “descubrimiento” junto a su mujer, la profesora Valentina Khrisanovna. El hombre se había hecho un nombre como reparador de equipos eléctricos, e incluso se le pedía que arreglara los equipos de científicos y laboratorios de la zona.

Ese año, Semyon fue testigo de una demostración de un dispositivo de electroterapia de alta frecuencia d’Arsonval. Notó que había un pequeño destello de luz entre los electrodos de la máquina y la piel del paciente, y se preguntó si podría fotografiarlo.

Posiblemente Kirlian no fue la primera persona en presenciar este fenómeno, aunque la necesidad de fotografiar e investigar sí parece haber sido original de él. Sea como fuere, experimentando con equipos similares reemplazó los electrodos de vidrio con sustitutos de metal para tomar fotografías a la luz visible.

En un momento dado, Kirlian sufrió una quemadura eléctrica severa, pero pudo tomar una fotografía inusual y sorprendente de una descarga de energía aparente alrededor de su propia mano.

Kirlian descubrió accidentalmente que un objeto colocado en una placa fotográfica conectada a una fuente de voltaje producía una imagen de ese objeto rodeado de alguna energía misteriosa. Un efecto similar a poner tu mano en una de esas esferas de plasma llenas de rayos rosados.

Sin embargo, su “hallazgo” no lo convirtió en un hombre rico. Muy a su pesar, tuvieron que pasar varias décadas para que el furor por la “fotografía Kirlian” explotase. En 1962 comenzaron a aparecer varios reportajes en la prensa rusa y en revistas especializadas que recordaban su figura y hablaban de él como un “gran descubridor”.

Image: Wikimedia Commons

Entonces sí, periodistas y pseudocientíficos occidentales estaban listos para estudiar el aura o probar el campo de la “bioenergía”. Años después, al comienzo de la década de 1980, en Silicon Valley se encontraba un ingeniero más interesado en la energía cósmica que en los ordenadores personales.

Se trataba de Guy Coggins, quien adaptó la tecnología de imagen existente para llevar la primera cámara aura al mercado masivo. La cámara le dio a los acólitos de la denominada New Age la oportunidad de ver sus “almas” en una instantánea. La primera encarnación, el modelo AuraCam 3000, luego pasó a ser reemplazado por la AuraCam 6000… a un coste 10 mil dólares la unidad.

Desmontando el aura fotográfica como animal científico

Image: Fotografía de Kirlian de dos monedas (Wikimedia Commons)

En realidad, el hallazgo inicial de Kirlian era bien conocido por físicos e ingenieros desde los primeros días de la fotografía: que una chispa eléctrica puede “tomar tu propia imagen” cuando pasa a través de una emulsión fotográfica, sin lente o cámara.

Hay dos formas de tomar estas fotografías. Se necesita un suministro de corriente alterna de alto voltaje (de 20 a 100 kilovoltios) y alta frecuencia (de 100 a 200 kilohercios), el tipo ideado por Nikola Tesla alrededor de 1900. Un extremo del circuito está conectado a un electrodo sobre una pieza de película, y el otro extremo está unido a un electrodo idéntico debajo de la película. Un objeto colocado entre un electrodo y la película, o entre dos pedazos de película intercalados entre los electrodos, chispea a los electrodos por medio de lo que se denomina “efecto corona”, pequeños conductores de aire ionizado que pueden conducir una corriente eléctrica.

Estos conductores están formados por los electrones que se extraen de las moléculas y luego se aceleran rápidamente por el potente campo eléctrico cerca de los electrodos, y cerca de cualquier punto afilado. Los electrones acelerados rápidamente chocan con las moléculas de aire, eliminando otros electrones, en una especie de avalancha que desaparece después de una corta distancia, produciendo una extensión corta de plasma similar a un cabello que emite luz visible (debido a la recombinación de electrones con moléculas, y a la excitación por impacto de las moléculas).

Este tubo brillante similar a un pelo es el efecto corona, y puede fotografiarse directamente con una cámara normal, pero también puede crear una hermosa fotografía en las piezas desnudas de la película entre los electrodos: la emulsión de la película se ioniza, como el aire circundante, y surge la luz del efecto corona.

La segunda forma de tomar una fotografía de este tipo implica conectar a tierra un electrodo de la fuente de alimentación CA y colocar una placa dieléctrica (plástica) en la otra. Luego se coloca un pedazo de película en la placa, y cualquier objeto que se coloque directamente en la película, a continuación, envía el efecto corona a través de la película al electrodo.

Muy importante: al contrario de lo que anuncian los pseudocientíficos, el retrato no tiene que estar vivo; una moneda, por ejemplo, funcionaría igual de bien. Y es que las descargas de corona se conocen desde el siglo XVIII y no tienen nada que ver con la “energía vital” o el estado psíquico de un objeto.

Existe otro tipo de fotografía de aura que a veces se ve en video y generalmente en color, es una simple fotografía infrarroja. Para tomar una fotografía infrarroja con una cámara de película convencional, simplemente se usa una película sensible al infrarrojo.

Una fotografía infrarroja muestra calor, y un disparo de un objeto muerto a temperatura ambiente aparece negro o del mismo color que el fondo general, mientras que una persona viva u otro objeto cálido aparece blanco, o en un video en color, a una temperatura más cálida.

Las partículas cargadas cerca de la superficie de la piel, o cerca de la superficie de cualquier objeto calentado, son excitadas por el calor irradiado y aparecerán como una banda brillante alrededor de la persona u objeto. Y no, el calor no tiene ninguna de las cualidades místicas atribuidas a las auras, y puede producirse de manera igualmente dramática con cualquier objeto muerto (si lo calientas).

Por último está la técnica de fotografía de aura desarrollada en 1990 por Guy Coggins con su AuraCam 6000. Esta produce imágenes de colores brillantes que muestran a la persona con nubes superpuestas de colores y luz también alrededor de ellos. Para tomar una foto en AuraCam, el sujeto se sienta y apoya las manos sobre los cables de un galvanómetro.

La AuraCam toma una fotografía convencional de la persona que se carga en un ordenador. Luego, el software del equipo sintetiza una imagen de nubes coloridas que se dice que se basa en la medición del galvanómetro. Este halo de colores se superpone a la imagen de la persona, luego se imprime, y listo: tienes una misteriosa fotografía de aura.

En cualquier caso, hay que decir en favor de Loggins que su propia web tiene una letra pequeña donde dice:

Nuestras tecnologías producen una interpretación electrónica de cómo creemos que se vería el Aura. No fotografía el Aura real. No existe nada que pueda hacer esto.

Image: Wikimedia Commons

Además, también indica que las imágenes no son adecuadas para realizar diagnósticos médicos, y que solo representan las interpretaciones del software de la lectura del galvanómetro. Aún así, recordemos que su cámara de aura cuesta 10 mil dólares.

Todo esto nos lleva a una última pregunta, ¿podemos realmente ver el aura? Si tu respuesta es positiva, hasta hace muy poco (2015) podías llevarte el millón de dólares que James Randi estaba dispuesto a pagar a aquel que lo demostrara.

De hecho, nadie lo ha intentado desde que en 1989 y durante el programa Exploring Psychic Powers Live, un psíquico afirmó que las auras que podía ver se extendían más allá de la persona, y que podía ver el aura extenderse más allá de la parte superior de la pantalla cuando una persona estaba detrás…

Hace unos años hubo otro intento por disfrazar el aura de ciencia. El científico ruso Konstanin Korotkov afirmaba haber capturado fotos con una cámara biométrica en el momento de la muerte de una persona. Las instantáneas revelaban el “aura”, “alma” o “espíritu” del sujeto.

Desgraciadamente para los creyentes, las imágenes pertenecían en realidad a un anuncio de saunas del 2009 y a un fotógrafo profesional que aplicaba filtros a sus composiciones.

Por tanto, no hay ninguna duda de que las fotografías de aura que hoy vemos en Instagram gozan de un enorme atractivo artístico e incluso muchas resultan fascinantes, pero lo es mucho más que durante casi un siglo algunos piensen todavía que si estoy fotografiando a un tenedor, la técnica del aura me ofrezca la energía vital y el espíritu… del bendito tenedor. [The RingerWikipediaViceWiredThe GuardianThe Atheist Papers]

Con información de Gizmodo

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