Gilberto Bosques y su renaciemiento en 2018

Ante el crecimiento de la xenofobia en México es necesario recordar a Gilberto Bosques, hombre que enorgulleció al país.

México ha tenido una gran tradición de protección al oprimido. Aquellas personas que han sido perseguidas por razones políticas o ideológicas siempre han encontrado un hogar en este país. Así mismo muchas personas de diferentes nacionalidades, que durante décadas lo han usado como paso a EEUU, han encontrado gente amable que les ha brindado apoyo.

Lamentablemente, en este momento en que escribo, existe un movimiento que pretende sembrar el odio hacia los inmigrantes y todos aquellos que llegan a México. Es necesario fortalecer nuestros valores como humanos. Por lo que rescato del olvido a un gran mexicano que salvó la vida de casi 40.000 personas durante la Segunda Guerra Mundial. Espero que su ejemplo sea una llama que nos ilumine en este momento en donde nos invaden las oscuridades del racismo, clasismo y xenofobia.Gilberto Bosques nació el 20 de julio de 1892, en Chiautla de Tapia, Puebla. Participó en la Revolución mexicana, trató de ser un un hombre ejemplar frente a la corrupción del régimen revolucionario mexicano. Hombre de izquierda cuyas convicciones hicieron que el presidente Lázaro Cárdenas lo enviara como cónsul de México a Francia en 1939.

La situación europea era delicada, toda vez que la guerra era inminente. En estas circunstancias, su humanismo se hizo patente, porque comenzó a dar visas mexicanas a todos aquellos que sufriesen persecución. Tanto a españoles que escapaban del régimen de Franco como a judíos que escapaban de la Alemania nazi. No importaba si eran personas con alto grado de estudios o simplemente obreros. Muchas personas desesperadas acudían a él como su única esperanza de escapar.

Como diplomático, se enfrentó a la Gestapo, salvando miles de vidas inocentes de los mortales campos de concentración. El número de perseguidos por el fascismo se incrementó por lo que se hizo necesario rentar dos castillos para cuidar y proteger a todas aquellas personas. Cuando salían de Francia rumbo a México, le agradecían todo lo que había hecho por ellos.

Gilberto Bosques solo respondía: “No fui yo, fue México.”

Cuando se rompieron relaciones diplomáticas con los nazis, él y su personal fueron hechos prisioneros. Con el tiempo fueron intercambiados por espías alemanes. De esta manera consiguió su libertad. A su regreso tuvo una bienvenida con casi 8.000 personas agradecidas por haberles salvado la vida. Como hemos leído, México siempre ha sido un país de gran corazón. Ha recibido asilados políticos, refugiados, inmigrantes y a cualquier persona que sufriera persecución. Así mismo, quiero aprovechar para decirle a nuestros hermanos latinoamericanos que en México no la estamos pasando bien, tenemos asesinatos, desaparecidos, delincuencia y desempleo. Pese a ello, cuentan con muchas manos amigas en su estancia en México. ¡Viva Latinoamérica!

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