La larva de esta especie de avispa convierte a las arañas en zombies a su servicio y luego las devora

Los parásitos que controlan el comportamiento de sus anfitriones para su propio beneficio es algo que los científicos han documentado durante años, pero ahora han descubierto una inquietante relación entre la larva de una avispa parasitaria y una araña social.

Algunos organismos se apropian del cerebro de ciertos portadores, normalmente con fines reproductivos. Los hongos O. unilateralises, por ejemplo, controlan el cerebro de las hormigas carpinteras. El parásito Diplostomum pseudospathaceumse esconde en el ojo de los peces y los conduce hasta su muerte.

Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de British Columbia han descubierto otra interesante relación parasitaria, y es una de las más desagradables que hemos visto, tanto por su complejidad como por su vileza. En el nuevo estudio, publicado hoy en Ecological Entomology, el investigador Philippe Fernández-Fournier describe cómo la especie de avispa parasitariaZatypota usa y abusa de la araña social Anelosimus eximius, usándola primero como vehículo y luego obligándola a construir una cámara de incubación. Ah, finalmente se come a la araña.

Fernández-Fournier se encontró con este descubrimiento en la Amazonia ecuatoriana mientras estudiaba varios parásitos que viven en los nidos de las A. eximius. Estos arácnidos se conocen como arañas sociales porque viven en grandes colonias, trabajan juntas para capturar presas, comparten tareas de cría, y rara vez se aventuran más allá de los confines de sus nidos comunales con forma de cesta.

La larva de Zatypota se aferra a su huésped, una araña Anelosimus eximius. Imagen: Philippe Fernandez-Fournier

Estas arañas tienen comportamientos muy predecibles, por lo que Fernández-Fournier se dio cuenta rápidamente de que algunas estaban infectadas con una larva parasitaria, al ver cómo se alejaban de la colonia. Esta observación ya era bastante rara de por sí, pero el científico también observó cómo estas mismas arañas comenzaron a hilar unos densos capullos de seda y trozos de follaje.

“Fue algo muy extraño porque normalmente no hacen eso, así que empecé a tomar notas”, dijo Fernández-Fournier en un comunicado.

Movido por la curiosidad, llevó el capullo al laboratorio. Cuando lo abrió, para su sorpresa, vio cómo se estaba desarrollando una avispa en su interior. Fernández-Fournier y su equipo investigaron más y descubrieron una interacción que nunca había sido documentada entre estas dos especies.

Así es como funciona: una avispa hembra Zatypota pone un huevo en el abdomen de una araña Anelosimus eximius. Cuando la larva eclosiona, se adhiere a la araña y comienza a alimentarse de su sangre. La larva crece progresivamente y comienza a absorber gran parte del cuerpo de la araña.

Con el paso del tiempo, la araña se convierte lentamente en un “zombi”, y ya no se comporta de forma normal. Bajo la influencia de la larva, la araña abandona su colonia y emprende la tarea de construir una red de capullos. Una vez que se completa esta tarea de construcción como esclava, la araña se queda inmóvil, permitiendo a la larva que acabe de consumirla hasta la muerte. Saciada, la larva se desliza dentro del capullo que ha tejido la araña, y lo utiliza como incubadora para su siguiente etapa de gestación. Tras un período de 9 a11 días, una avispa completamente madura emerge del capullo. Luego el ciclo comienza de nuevo, para desgracia de su próxima víctima arácnida.

Esta estrategia, dicen los investigadores, es única en el sentido de que las avispas parasitarias solo se habían documentado atacando a arañas solitarias.

“Esta modificación de comportamiento es muy seria”, dijo Samantha Straus, coautora del estudio, en un comunicado. “La avispa secuestra por completo el cerebro y el comportamiento de la araña y la obliga a hacer algo que nunca haría, como dejar su nido y crear una estructura completamente diferente. Esto es algo muy peligroso para estas arañas diminutas”.

A lo que Straus agregó: “Creemos que las avispas apuntan a estas arañas sociales porque se trata de una colonia de huéspedes grande y estable y una fuente de alimento. También descubrimos que cuanto más grande es la colonia de arañas, más probabilidades hay de que las avispas se dirijan a ella”.

Los investigadores creen que la avispa inyecta una hormona que altera el cerebro en la araña para hipnotizarla. Esta hormona engaña a la araña para que piense que está en una etapa diferente de su vida, o bien funciona como una señal que hace que la araña huya de su colonia. De momento no tienen una respuesta exacta a cómo funciona el proceso que convierte a la araña en zombie. Solo se trata de conjeturas.

Fernández-Fournier y Straus ahora desean regresar a los bosques de Ecuador para aprender más sobre estas avispas diabólicas y sus anfitriones. En particular, les gustaría saber si las avispas apuntan siempre a las mismas colonias de arañas y, de ser así, cómo hacen para aprovecharse de ello. [Ecological Entomology]

Con información de Gizmodo

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