¿Repúblicas bananeras o empresas explotadoras?

El 6 de diciembre de 1928 miles de trabajadores de la United Fruit Company fueron masacrados en el municipio de Ciénaga, Colombia. 90 años después, 13 gerentes de la firma sucesora, Chiquita Brand, son enjuiciados por financiar a los paramilitares. La industria del plátano está atada a las peores páginas de la historia latinoamericana.

En 1899 se fundó la United Fruit Company, que en 1970 pasó a denominarse Chiquita Brands International. Para ese entonces ya había consumado una de las la peores masacres colectivas de trabajadores en la región, y entre otras cosas había promovido el golpe de Estado contra el presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz, en 1954.La razón: la reforma agraria que había quitado privilegios a esta industria, que desde finales del siglo XIX se desarrollaba en Centro América y parte de la región Andina gracias a beneficios obtenidos de Gobiernos corruptos. Desde ese entonces se propagó la despectiva denominación de ‘repúblicas bananeras’  a los países dependientes económicamente de un sector que los condiciona al punto de poner y sacar presidentes a su antojo.

Por ejemplo al general Oswaldo López Arellano, que en 1972 dio un golpe de Estado y se convirtió, una vez más, en presidente de Honduras. Pero renunció tres años después al descubrirse que recibió 1,25 millones de dólares para que redujera algunos impuestos de la exportación de plátano.

También se acusa a Chiquita de propiciar el golpe en Honduras contra Manuel Zelaya en 2009, que había aumentado 60% el salario mínimo.

“Ellos no quieren compartir ganancias con los trabajadores, que somos los que producimos la riqueza”, le dijo a Sputnik Edgardo Núñez, presidente del sindicato de Chiquitas en Honduras, que cuenta con unos 3.000 afiliados.

 El dirigente indicó que son frecuentes las intervenciones de la compañía en decisiones político-administrativas “al financiar Gobiernos o alcaldes en los municipios”. Como ejemplo reciente, Núñez se refirió al financiamiento del paramilitarismo en Colombia: “Hay dos personas que son hondureñas que están involucradas en ese asunto, son dos gerentes de la Chiquita”.

En 2014 Chiquita se fusionó con la irlandesa Fyffes, dando forma a la mayor bananera del planeta, manteniendo en su ADN prácticas como las que motivaron la huelga de 10.000 trabajadores colombianos en 1928 (y la posterior masacre): problemas de salud, salarios sumergidos, largas jornadas de hasta 12 horas, persecusión sindical, son algunas de ellas.

“El uso de agroquímicos es exagerado”, denunció Núñez, y graficó las consecuencias: “Hay mujeres que están padeciendo de una enfermedad en las manos y en los hombros; cáncer en huesos, en colon y sangre. Incluso hay casos de compañeros con cáncer en los pómulos. Estamos preocupados y buscando la ayuda para llegar a lo más profundo y descubrir el porqué de este tipo de enfermedades”.

El presidente del sindicato de Chiquita en Honduras describió como muy difícil la vida en su país, del cual miles de ciudadanos se suman a las caravanas migrantes en busca de un mejor presente y futuro.

“Aquí hubo un compañero que abandonó el trabajo en la Chiquita para sumarse a esa caravana porque no se aguanta la presión y al final no hay oportunidad de trabajo y entonces todo el mundo está desesperado por todas las obligaciones que tiene. Es preocupante la situación del país y es muy triste para las familias de compañeros que han muerto es ese trayecto”.

Con información de Sputnik

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