Bashar al Asad, del oprobio a la victoria en la devastadora guerra en Siria

Bashar Al Asad, durante mucho tiempo objeto de oprobio en la comunidad internacional, parece hoy cada vez más cerca de la victoria en Siria y de desempeñar un rol importante en la región, tras ocho años de una devastadora guerra con repercusiones mundiales.

Esta guerra, cada vez más compleja a lo largo de los años con la implicación de potencias regionales y extranjeras, además de grupos yihadistas, ha causado desde marzo de 2011 más de 360.000 muertos, millones de refugiados, y ha despedazado Siria.

En 2012, el expresidente estadounidense Barack Obama afirmaba que “los días de Asad están contados”, y los occidentales y sus aliados árabes apoyaban claramente a la oposición al presidente sirio.

Pero seis años después, y gracias a la crucial intervención de su aliado ruso desde 2015, así como a la ayuda de Irán y del Hezbolá libanés, sus fuerzas controlan dos terceras partes del territorio del país, tras haber expulsado a los yihadistas.

Y todo indica que pronto controlarán el tercio restante, en el norte bajo dominio de la minoría kurda que dispone de una autonomía ‘de facto’ en varias regiones.

El 19 de diciembre, ante la sorpresa general, el presidente Donald Trump anunció la próxima retirada de las fuerzas estadounidenses en Siria, donde apoyaban a las fuerzas kurdas a combatir al grupo Estado islámico (EI).

Los kurdos han pedido ayuda al ejército sirio, que se desplegó por primera vez en seis años en torno a Minbej (norte), ante las amenazas de una ofensiva de la vecina Turquía, para quien ciertos grupos armados kurdos son “terroristas”.

El hecho de que los kurdos busquen ahora una alianza con el régimen constituye un nuevo éxito para Al Asad, opina Mutlu Civiroglu, especialista en política kurda.

El presidente sirio “consolida cada día más su poder, diplomática y militarmente”, constata.

Asad había amenazado con retomar militarmente estas regiones, ricas en petróleo, en manos de los kurdos. “Pero ahora el gobierno es invitado a volver a la región” subraya Civiroglu a la AFP. “Mejor imposible para Asad”.

– Una “señal” –

Además de las zonas kurdas, la región de Idlib escapa al control del régimen. Se encuentra en manos de rebeldes y yihadistas, y un acuerdo ruso-turco ha permitido que allí se respete una tregua.

En el este sirio, cerca de la frontera con Irak, las fuerzas kurdas prosiguen su lucha para expulsar al EI, que controla algunos bolsones en el desierto que se extiende en el centro del país.

Hasta la retirada anunciada por Trump, cuentan con el apoyo de la aviación estadounidense y de soldados desplegados en tierra.

“La decisión de retirar a las fuerzas estadounidenses ha enviado una señal a los países árabes, según la cual pueden dialogar con Al Asad aunque con sus propias condiciones”, estima Nicholas Heras, analista del Centro para una Nueva seguridad de Estados Unidos.

La Siria de Al Asad fue suspendida de la Liga Árabe en noviembre de 2011, pero un diplomático árabe en Beirut asegura que hay actualmente una inédita “apertura respecto a Damasco”.

Una participación de Siria en la cumbre económica de la Liga Árabe, los días 19 y 20 de enero en Beirut, está siendo negociada, tres meses antes de la cumbre anual árabe.

Según una fuente diplomática libanesa, Egipto -adonde viajó el alto responsable de los servicios de seguridad sirios, Ali Mamluk, el 22 de diciembre- “apoya” un retorno de Siria a la organización panárabe.

Según Heras, “Al Asad intentará capitalizar sus éxitos en 2018, suscribiendo acuerdos con los países árabes, sobre todo los del Golfo, para iniciar la reconstrucción de Siria”, donde el costo de las destrucciones es estimado por la ONU en 400.000 millones de dólares, unos 350.000 millones de euros.

Con información de AFP

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