El Rand Club, legado del pasado colonial, intenta renacer en Sudáfrica

Con sus imponentes columnas y trofeos de caza, el Rand Club, en el corazón de Johannesburgo, forma parte del legado del pasado colonial de Sudáfrica.

Fundado en 1887 por el colonizador británico Cecil Rhodes, en el pasado fue un lugar de referencia para los empresarios blancos para hacer negocios o entretenerse en la biblioteca o tomando una copa en el bar construido con madera de teck largo de 31 metros.

Las instalaciones, que se incendiaron en 2005, hicieron que el Rand Club “hibernara” durante una década, hasta que Alicia Thompson, una empresaria sudafricana negra, intentara dar una nueva vida a este club.

AFP / MARCO LONGARIAlicia Thompson y John Clark antes de una cena en el Rand Club de Johannesburgo el 6 de diciembre de 2018

El Rand Club (RC) quiere hoy seducir a “jóvenes dinámicos” sin renunciar a su estética del periodo colonial.

Alicia Thompson, vicepresidenta del club, asegura no haberse confrontado con la “mínima resistencia” para hacer evolucionar este club y convertirlo en una institución del siglo XXI.

“Crecí en Johannesburgo y tenía la costumbre de ver este edificio al que no podía entrar”, recuerda Thompson.

“Lo veía como una torre de marfil, sagrada, y no sabía nada de lo que sucedía en su interior. Pero en 2010 asistí allí a un matrimonio y desde entonces no lograba entender cómo nos habían escondido esta joya”.

AFP / MARCO LONGARIUn cuadro del presidente sudafricano Nelson Mandela en el Rand Club de Johannesburgo el 6 de diciembre de 2018

“Haciéndome miembro del club, quise convertirlo en un lugar parecido a mí”, explica sonriente la empresaria, vestida con una camisa negra.

Hay un retrato colgado de Nelson Mandela, el primer presidente sudafricano negro, entre 1994 y 1999, pero también otro de Cecil Rhodes.

No obstante, la sala del club que llevaba el nombre del colonizador británico fue rebautizada como “La sala de los fundadores” por los nuevos responsables del club.

– ‘Aprender de las lecciones’ del pasado –

AFP / MARCO LONGARIEl Rand Club de Johannesburgo, el 6 de diciembre de 2018

“Una parte de nuestra historia no es brillante, pero yo no soy ningún ‘caído'”, explica Lucky Dinake, un concejal municipal negro de 24 años, que forma parte del principal partido de la oposición Alianza Democrática (AD).

“Caído” es una referencia al movimiento “Rhodes Must Fall” (Rhodes debe caer), que movilizó a los jóvenes sudafricanos en 2015 cuando estudiantes universitarios retiraron una estatua del explorador británico en la Universidad de Ciudad del Cabo y pidieron la desaparición de los símbolos coloniales de las universidades.

“Nuestra historia es nuestra historia. Nuestra responsabilidad es aprender de las lecciones del pasado y progresar sin ignorarlo”, considera Lucky Dinake.

La evolución del Rand Club refleja los cambios vividos en Johannesburgo, pulmón económico de Sudáfrica.

A diferencia de ciudades como Londres o Nueva York, donde los clubes se encontraban en barrios acomodados en las afueras de la ciudad, el Rand Club se encuentra en el centro de Johannesburgo, abandonado por los comerciantes por el aumento de la criminalidad.

No obstante, las autoridades municipales y algunos habitantes quieren volver a dinamizar este distrito, así lo refleja la apertura de librerías de calidad.

AFP / MARCO LONGARIUn retrato de la reina Isable II de Inglaterra en un salón del Rand Club de Johannesburgo el 6 de diciembre de 2018

“El club se ha convertido en un lugar cada vez más pertinente y accesible, teniendo en cuenta nuestra situación. Johannesburgo está experimentando una gran renovación”, considera Lucky Dinake.

Tras años de declive, el número de miembros del Rand Club aumentó recientemente hasta casi 500, que pagan anualmente una tarifa de 720 dólares.

El código de vestimenta fue suavizado. El club también acepta la presencia de mujeres, cuyo acceso estuvo prohibido hasta 1993.

Con información de AFP

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