Hemos calculado el tiempo que tienes para comerte las patatas fritas del McDonald’s antes de que estén incomibles

Hace tiempo, el editor jefe de Takeout, Kevin Pang, escribió ésto en un artículo sobre comida rápida: “Cuando ves cómo tu pedido pasa de la freidora a la bandeja, luego a la caja de cartón y luego a la bolsa de papel en un movimiento casi continuo, has sido testigo del ideal platónico de las patatas fritas”. Sin embargo, la experiencia nos dice que ese momento dura muy poco tiempo. Esas primeras patatas fritas rozan la perfección (casi siempre), pero en algún momento, después esos primeros exquisitos bocados, todo comienza a cambiar.

¿Cuál es la vida media de un patata frita de McDonald’s? ¿Cuándo caduca? ¿Cuáles son las etapas en las que esa delicia pasa a convertirse en algo incomible? Nosotros hemos decidido averiguarlo.Outstream Video

Nuestra metodología

Hemos cogido un tamaño de muestra muy pequeño, de eso no hay duda, pero los resultados parecen, a nuestros ojos, concluyentes. Tres lugares diferentes, tres momentos diferentes, tres personas diferentes, resultados muy similares: las patatas fritas de McDonald’s están notablemente peor a partir de los 10 minutos, y no hay quien las coma a partir del minuto 18.

Primero, nuestra metodología. Kevin Pang, Kate Bernot y una servidora, hemos ido cada uno a un McDonald’s diferente la semana pasada. Al llegar, nos colocamos cerca del mostrador y esperamos a que una nueva tanda de patatas llegase a las lámparas de calor. Tan pronto como eso ocurrió, cada uno de nosotros pulsó el cronómetro y pedimos una ración de patatas fritas. Al recibir nuestras patatas fritas, nos dirigimos a una mesa. Dejamos las bolsas abiertas pero no sacamos las patatas fritas de la bolsa. Medimos la temperatura ambiente de la habitación y luego comimos una patata (o varias) por minuto hasta que dejaron de estar buenas.

No compartimos nuestros datos hasta después de salir del restaurante. Estos han sido nuestros hallazgos.

McDonald’s no bromea con la temperatura

Ya sabemos que este tipo de empresas monolíticas miden cada segundo y cada milímetro de todo (antes trabajaba en una Apple Store, se de lo que hablo), pero de todos modos el resultado fue sorprendente: la temperatura ambiente de cada uno de los restaurantes que visitamos era casi exactamente la misma, con solo un grado de diferencia.

Ninguno de nosotros se sentó al lado de una ventana. La temperatura en el restaurante de Kate era de 22 grados y de 21 grados en los dos restantes.

Los primeros cinco minutos son el momento perfecto

Kate y Kevin me enviaron sus notas sobre su experiencia. Al compararlas todas encontré lo siguiente: a lo largo de los primeros cinco minutos, todo parece perfecto. A los tres minutos, Kate anotó que sus patatas fritas estaban “todavía bastante calientes y deliciosas”, mientras que Kevin escribió cosas como “¡Muy caliente! ¡Bien! Y ¡Todavía calientes!”. Las notas de Kevin incluían la temperatura interna de las patatas, gracias a un termómetro digital de sonda que llevó consigo.

Mis notas son algo menos interesantes y consisten principalmente en algún “YUM”, pero también usé un cronómetro y marqué cuando disminuyó notablemente la calidad. La primera vez que hice esto fue a los cinco minutos.

En ese punto Kevin cambió también a un “Bastante bien”, seguido de un simple “Bien” pasado un minuto. Las patatas siguen estando buenas, pero no serán las mejores de la historia.

El problema es la textura, no la temperatura

Vale, está claro que es una simplificación y que las dos están relacionadas, pero da la sensación de que las patatas se vuelven menos apetecibles alrededor del minuto nueve y se debe más al cambio en la textura de las patatas que al calor que retienen. Yo escribí a los nueve minutos “La textura está cambiando”. Kevin dijo esto en el minuto nueve: “Todavía está crujiente, pero se va desvaneciendo”; a los 10 minutos (donde yo vi que había disminuido notablemente la calidad), escribió que el “centro estaba comenzando a saber peor”. Y a los 11 minutos, Kate denominó así su experiencia: “Las patatas fritas han comenzado a volverse más blandas, y están mucho menos calientes. Empiezan a estar menos deliciosas”.

Las patatas han perdido casi 15 grados de temperatura llegados a este punto. Aún así, siguen teniendo un buen sabor, pero la “integridad estructural” ha comenzado a fallar. Como rezan muchas tarjetas de cumpleaños: a partir de aquí, todo es cuesta abajo.

Minuto 13: Hay que darse prisa

Dejando de lado el pequeño tamaño de la muestra para este “estudio”, hay que tener en cuenta que el sabor es una experiencia personal. Por ello, cada uno de nosotros estableció sus propios límites. La primera en caer fue Kate, quien llegado el minuto 13, describió sus patatas fritas como “frías y pesadas”. Llegado a ese punto ya no quería comer ni una patata más.

Kevin y yo aguantamos más, pero con algo menos de entusiasmo. Esto apunté a los 14 minutos: “Están bien, supongo”. Kevin escribió a los 13 un simple “bien”, y dos minutos más tarde escribió: “ya no están nada crujientes”.

Es como cuando te olvidas de lavar la ropa, y tienes unos pantalones vaqueros que ya te has puesto varias veces, y están bien, no están aparentemente sucios ni huelen mal, pero da esa sensación. Ocurre lo mismo con las patatas fritas pasados 13 minutos.

Hora de la muerte: 17-18 minutos

Kate abandonó cuando el resultado aun era decente. Nuestros dos últimos participantes lo dejaron con un minuto de diferencia entre sí, a los 17 minutos (Allison) y a los 18 minutos (Kevin). Llegados a este punto, las patatas fritas están, en el mejor de los casos, frías, nada crujientes, gomosas y resultan casi desagradables. Hasta parece que han perdido algo de color.

Yo me pedí unas patatas grandes. Por lo que está claro que comiendo una patata frita por minuto durante 17 minutos aun quedaban muchas patatas fritas en la bolsa, y sin embargo no pude comer ni una más. Kevin escribió un claro “Nope” en sus notas.

Nuestros hallazgos finales

Lo primero: la velocidad es la clave. No se trata de que comas patatas como si no hubiese un mañana, pero el tiempo juega en tu contra. Cualquier otra cosa que tengas en el plato puede esperar: Si puedes, cómetelas antes de 5 minutos y sino, antes de los 10. Una vez que hayan bajado de 37 grados, no habrá nada que hacer.

En segundo lugar, si puedes esperar a una tanda de patatas nuevas, hazlo. De lo contrario, las patatas que te comas estarán peor.

En tercer lugar, trata de conservar el calor a toda costa. Si tenías la bolsa cerrada, probablemente podrás ganar unos pocos minutos, pero tendrás que resistirte a abrirla hasta llegar al lugar donde te las vas a comer. Cerrar la bolsa entre patata y patata también ayuda, pero eso no lo hace nadie.

Ah, y estar sentado en un McDonald’s con una bolsa de patatas fritas, un termómetro de cocina, un bloc de notas y un cronómetro es una excelente manera de conseguir que la gente te mire raro.

No pidas el tamaño grande, pide una bolsa pequeña y luego otra

Esto no funciona si estás conduciendo o tienes prisa, pero si te apetece disfrutar de las patatas en toda su plenitud, te sugerimos que pidas unas patatas pequeñas (o medianas, si estás compartiendo), que te las comas y luego pidas más.

En serio, apoyamos abiertamente esta estrategia. Requiere un poco de trabajo extra y algo más de tiempo y de dinero, pero la diferencia de calidad es tal que tenemos que recomendárselo a todo el mundo.

Conclusión

Si vas a tomar patatas fritas en un McDonald’s, no te andes con rodeos. Y no te cronometres. La gente te mira raro.

Con información de Gizmodo

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