De la locura de la burbuja al estancamiento en el Japón de la era Heisei

“Era un mundo surrealista, como si el dinero saliera chorreando de los árboles”. Cuando el emperador Akihito subió al trono en 1989, Japón, orgulloso de su milagro económico de posguerra, vivía en la euforia de la burbuja bursátil e inmobiliaria.

Treinta años más tarde, ahora que termina la era Heisei con la llegada del nuevo emperador, el archipiélago es una potencia en declive.

– De la “burbuja” al estancamiento –

En aquel entonces Tag Murphy era un joven banquero que trabajaba para un establecimiento estadounidense.

A partir de mediados de los años 80, “dinero a raudales inundaba la economía”, recuerda. De la noche a la mañana “los japoneses que poseían una parcela pasaron a ser ricos sin hacer nada”.

“En ese momento florecieron unas estadísticas absurdas: el terreno del palacio imperial valía más que todo Canadá; Tokio y las tres prefecturas de los alrededores, más que todo Estados Unidos”.

Recuerda “los gastos extravagantes” en los bares de Ginza, “en restaurantes caros”, los regalos suntuosos a clientes.

“Los taxis elegían deliberadamente a clientes japoneses que vivían lejos del centro para ganar mucho dinero. Si eras un gaijin (extranjero), estabas obligado a agitar la mano para señalar que estabas dispuesto a pagar cuatro o cinco veces más que la tarifa”, describe.

Un antiguo corredor de bolsa de Nomura Securities también recuerda esa “locura”. “Era una época en la que descorchábamos a más no poder botellas de vino Romanée Conti”. Pero la vida no era color de rosa para todos. “Los precios y los alquileres se dispararon”.

El 29 de diciembre de 1989 el índice bursátil Nikkei alcanzó un récord de casi 40.000 puntos, el doble que hoy.

Ante el sobrecalentamiento de la economía, el Banco de Japón intervino provocando poco después una burbuja bursátil e inmobiliaria, seguida de dos décadas “perdidas” entre estancamiento, consumo apático y deflación.

Los inversores estaban furiosos, recuerda el excorredor de bolsa, a quien ordenaron no salir a la calle con la insignia de la empresa para evitar ser linchado. Algunos directivos se equiparon con chalecos antibalas.

– Sector electrónico –

AFP / Charly TriballeauUn sin techo duerme en el barrio de Ginza de Tokio el 3 de abril de 2019

Al comienzo de la era Heisei, las compañías japonesas estaban en la cima. Mitsubishi Estate compró el edificio neoyorquino Rockefeller Center, Sony adquirió Columbia Pictures y los especuladores estaban dispuestos a pagar sumas astronómicas por cuadros.

Las marcas de electrónica japonesas, como Sony, Panasonic, Hitachi o Toshiba, invadían los hogares occidentales con sus productos.

Koichi Haji lo recuerda como algo mágico. Ahora es investigador en el instituto NLI, pero antes trabajaba para la agencia de planificación económica del gobierno. “Era una locura imaginar que la potencia económica japonesa pudiese destronar a Estados Unidos”.

La ilusión se esfumó. En 2010 el archipiélago cedió su segundo rango a China y sus gigantes perdieron fuelle.

Sharp fue salvado in extremis por el taiwanés Hon Hai y Toshiba, NEC o Hitachi abandonaron parte de sus actividades.

Las compañías japonesas no supieron adaptarse a la era digital y de servicios, analiza Haji.

– Nueva era ¿nuevo comienzo? –

En los albores de una nueva era, bautizada “Reiwa” (bella harmonía), algunos confían en un nuevo comienzo. Pero Takahide Kiuchi, economista del instituto Nomura y exmiembro del comité de política monetaria del Banco de Japón (BoJ), es pesimista.

“Tenemos muchos problemas de fondo: declive de la competitividad internacional, descenso de la población y aumento de la deuda (en torno al 230% del PIB)”, enumera.

“Se necesitarían reformas estructurales muy agresivas y dolorosas a corto plazo”, estima Kiuchi, en vez de las políticas “populistas” de gasto masivo y de flexibilización monetaria que se sucedieron durante la era Heisei. “Pero no creo que la situación cambie, al contrario, empeora”. A finales de marzo el parlamento votó un presupuesto anual récord.ç

Con información de AFP

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