¿Por qué aún no nos hemos destruido entre nosotros? Este nuevo estudio aporta una razón que te alegrará el día

¿Cuál es el ingrediente secreto que hace que nuestra civilización siga adelante a pesar de todos los pesares? Muchos dicen que son las normas, la reputación y el miedo al castigo. Este nuevo estudio sobre biología apunta a una razón inesperada y mucho más optimista: la empatía.

Es muy difícil para la ciencia contextualizar el comportamiento humano en términos morales. Sabemos que los seres humanos hemos logrado prosperar donde otras especies no lo han hecho gracias a una extraordinaria capacidad para la cooperación. Trabajamos en equipo con otros hacia un objetivo común. De hecho somos hasta capaces de colaborar con extraños o hacerlo en detrimento de objetivos personales más inmediatos, pero ¿Por qué? ¿Qué nos mueve a cooperar con otros?

¿Altruismo por el interés?

Hasta ahora, se daba por sentado que nuestra capacidad de cooperación tiene su origen en las normas que nos autoimponemos para poder funcionar como sociedad. El altruismo es, por decirlo de alguna manera, un producto del interés. Bien sea en interés en no sufrir un castigo (real o en forma de reputación negativa) por atentar contra las normas de nuestra sociedad, o bien el interés en cooperar con nuestros semejantes para labrarnos una reputación positiva dentro de nuestro entorno.

Existe una teoría que establece que los humanos colaboramos unos con otros por una cuestión de reciprocidad indirecta. En otras palabras, ayudamos a otros para asegurarnos de que otros nos ayuden llegado el momento. De igual manera, negamos la ayuda a los que se comportan mal o de manera dañina.

El problema de los sistemas de cooperación basados en la reputación es que los individuos a menudo tenemos conceptos muy diferentes de la reputación. Una misma persona puede tener una imagen social muy positiva para unas personas, y al mismo tiempo tener una imagen muy negativa para otras.

Este relativismo ha llevado a un experto en biología evolutiva de la Universidad de Pennsylvania llamado Arunas Radzvillavicius a unirse a los biólogos teóricos Joshua Plotkin y Alex Stewart para tratar de desentrañar el auténtico origen de nuestro altruismo. Para ello han desarrollado modelos matemáticos que relacionan la aplicación de normas sociales y de reputación individual. Lo que encontraron es que las normas rígidas de una sociedad si que influyen en los niveles de cooperación, pero la reputación individual no.

Un modelo matemático con empatía

Tras varios intentos fallidos, los investigadores probaron a introducir en su modelo una variable con la que en principio no contaban: la empatía o capacidad del ser humano de ponerse en el lugar de otra persona aunque nuestra evaluación moral de ese individuo no sea positiva. Los niveles de cooperación se dispararon de forma espectacular. El estudio concluye que la empatía podría ser el secreto de nuestra sociedad, la razón última por la que decidimos cooperar y ayudarnos en lugar de competir. El estudio es puramente teórico y se basa en modelos matemáticos, pero Radzvillavicius y sus colegas creen que se podría demostrar de manera experimental.

La teoría nos deja ante un misterio probablemente mayor desde el punto de vista evolutivo. ¿Cómo llegamos a desarrollar empatía como una cualidad biológica deseable por encima de otras? Sabemos que los seres humanos desarrollamos la empatía en nuestra infancia y que es un aspecto de nuestra mente que aprendemos sobre todo de nuestros padres, pero su origen evolutivo sigue siendo un misterio. Es probable que ese misterio es lo que nos haya llevado a donde otras especies solo pueden soñar. [eLife vía The Conversation]

Con información de Gizmodo

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