La imagen de Aung San Suu Kyi, empañada aún más por el caso Reuters

Otrora ícono de la democracia, la dirigente birmana Aung San Suu Kyi ha asistido a una caída de su popularidad en los últimos años por sus decisiones en crisis como la de los rohinyás o la de los periodistas de Reuters, liberados este martes.

La mandataria, galardonada con el premio Nobel de la Paz, no dijo ni una palabra sobre esta liberación, muy comentada por la prensa internacional, y asistió como si nada hubiera ocurrido a un foro sobre “reconciliación religiosa” en Naypydaw, la capital administrativa del país.

Su portavoz, Zaw Htay, se limitó a hacer un escueto comentario a la AFP por teléfono, afirmando que la liberación de los reporteros se debió al “interés nacional a largo plazo”, después de que sus familias hubieran escrito una carta a Aung San Suu Kyi y al presidente, Win Myint, quien firmó el indulto.

La excarcelación se interpretó como un gesto de buena voluntad para sacar a las autoridades birmanas de la encrucijada del “caso Reuters” antes de las legislativas de 2020, en las que el partido de Aung San Suu Kyi podría perder su mayoría absoluta en el Parlamento.

Nadie pone en duda que “la dama de Rangún” participó en la toma de esa decisión, aunque oficialmente solo sea ministra de Exteriores y asesora especial.

AFP / Laurence CHUBirmania: periodistas de Reuters liberados

El presidente Win Myint es uno de sus más cercanos consejeros. Ocupa ese cargo porque la propia Suu Kyi no podía ser presidenta tras su victoria electoral de 2015, pues la Constitución veta ese grado a cualquier birmano que se haya casado con un extranjero.

“Aung San Suu Kyi formó parte de esa decisión necesariamente, puesto que es un caso importante seguido por la comunidad internacional”, indicó Maung Maung Soe, politólogo birmano entrevistado por la AFP, que señaló que la liberación probablemente se debió a las legislativas de 2020 y a la presión internacional.

– Sequedad –

Hasta la fecha, Aung San Suu Kyi, que no suele hacer declaraciones a la prensa desde que llegó al poder, apenas había comentado el caso.

En septiembre de 2018, durante el foro económico mundial de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático en Hanói, defendió la independencia de la Justicia y destacó que los periodistas “no fueron encarcelados porque fueran periodistas” sino porque “el tribunal decidió que habían infringido” la ley.

Sin embargo, la Justicia birmana, todavía muy influenciada por la época de la junta militar, en la que se producían multitud de juicios políticos, tiene fama de no ser independiente.

AFP / Thet AungAung San Suu Kyi, entre otros participantes en un foro sobre paz y reconciliación nacional, este martes 7 de mayo en Naipyidó, la capital de Birmania

La sequedad de sus declaraciones, sumada a su apoyo al ejército frente a las acusaciones de “genocidio” de la minoría rohinyá en 2017, le costaron a Aung San Suu Kyi fuertes críticas por parte de la comunidad internacional, incluyendo a algunos dirigentes que años antes ensalzaban su figura.

La exopositora política, que pasó casi 15 años en arresto domiciliario bajo la junta militar, fue acusada por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, de haberse convertido en “la portavoz de los militares birmanos”, mientras que su rechazo a posicionarse causa irritación en el extranjero.

Amnistía Internacional llegó incluso a retirarle su premio de “embajadora de la consciencia”, al considerar que había “traicionado los valores que defendía antaño”.

Desde 2017, más de 740.000 rohinyás, una minoría musulmana apátrida, huyeron a Bangladés de la violencia cometida por las fuerzas armadas birmanas y las milicias budistas. Aung San Suu Kyi acusa a la prensa internacional de haber ofrecido un “iceberg de desinformación” sobre el tema.

Con información de AFP

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