Los trabajadores humanitarios en Afganistán, estremecidos tras el ataque a una ONG en Kabul

El ataque deliberado de los talibanes contra la oenegé estadounidense Counterpart International, que provocó nueve muertos y 20 heridos el miércoles en Kabul, prueba el peligro que corren las organizaciones humanitarias en Afganistán, donde cada año lamentan numerosos muertos.

La explosión de un coche bomba y el asalto de hombres armados que siguió después provocaron la muerte de guardias, policías y cuatro civiles. Entre ellos figuran tres empleados afganos de la oenegé Care International, cuyos locales son contiguos a los de Counterpart.

“La organización atacada ayer dirige programas para alentar el diálogo sobre la paz, favorecer la participación de la juventud y mejorar las oportunidades para las mujeres”, escribió el jefe de la diplomacia estadounidense Mike Pompeo en un comunicado. Condenó “un asalto sin sentido contra los valores nobles que aportan organizaciones como Counterpart”.

“Este ataque refleja los peligros crecientes de la labor humanitaria en los países en conflicto como Afganistán y la desgraciada realidad diaria de la violencia” en el país, lamenta Care en un comunicado.

Ann Hudock, la presidenta de Counterpart International, principalmente financiada por el gobierno estadounidense, denunció un “ataque contra profesionales del desarrollo que dedican sus vidas a mejorar [la] de los más vulnerables en Afganistán, especialmente las mujeres, los jóvenes y las personas discapacitadas”.

Counterpart, que implementa programas de desarrollo en todo el mundo, está presente en Afganistán desde 2005. Es la primera vez que es el blanco de un ataque.

AFP / WAKIL KOHSARHabitantes de Kabul limpian el 9 de mayo de 2019 los escombros en el lugar donde la víspera se produjo un ataque contra la ONG estadounidense Counterpart International

Las paredes de cemento armado antiexplosión fueron levantadas para proteger a sus trabajadores en Kabul. Pero cuando el coche bomba explotó el miércoles, estas se vinieron abajo, así como todas las ventanas en 300 metros a la redonda, constató la AFP.

“La seguridad es una preocupación constante para todos en Afganistán y hemos puesto en marcha medidas en consecuencia”, comentó a la AFP un portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Desde mediados de abril, el CICR suspendió sus actividades, después de que los talibanes le “prohibieron” ejercer. “Se están realizando negociaciones” con los insurgentes sobre este tema, agregó este portavoz.

– Menos ONG –

Una cantidad innumerable de organizaciones humanitarias internacionales comenzaron a trabajar en Afganistán tras la caída de los talibanes, expulsados del poder en 2001 por una coalición internacional dirigida por Estados Unidos.

Unas 266 operan todavía hoy, según el ministerio de Economía, pero su número “disminuyó estos últimos años debido a la inseguridad”.

La oenegé británica Save the Children también suspendió sus operaciones tras un ataque del grupo Estado Islámico (EI) en 2018 en Jalalabad (este), en el que murieron tres de sus empleados y varios resultaron heridos.

Según la ONU, 30 trabajadores humanitarios murieron y 53 resultaron heridos en Afganistán, frente a 16 en 2016 y 19 en 2017.

El miércoles, los talibanes, conocidos por su brutal represión y la segregación que imponían cuando estaban en el poder, explicaron que atacaron Counterpart porque esta oenegé fomentaba la “diversidad” de géneros y promovía “la cultura occidental”.

– “Debilidad” –

El ataque, que se produjo en un momento en el que los insurgentes y responsables estadounidenses llevaban a cabo conversaciones de paz en Doha, parece poner en tela de juicio los avances de estas negociaciones iniciadas hace meses.

Ambas partes buscaban alcanzar un acuerdo sobre la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán a cambio de un alto el fuego, conversaciones entre el gobierno y los talibanes y una garantía de que el país no será utilizado como refugio por grupos terroristas.

AFP / WAKIL KOHSAREmpleados de los servicios municipales de Kabul, el 9 de mayo de 2019, en el lugar donde la víspera tuvo lugar un ataque contra la ONG estadounidense Counterpart International

Pero tras este atentado, la actitud de Washington fue criticada, al haber pedido a los rebeldes proteger Afganistán de los grupos terroristas, cuando estos también usan los mismos métodos.

“Los talibanes encarnan el crimen que no se presta a iniciativas pacíficas de resolución de conflictos”, lanzó el jueves en Twitter el jefe del ejecutivo afgano, Abdullah Abdullah.

“Interpretan nuestra buena voluntad como una debilidad y abusan de las negociaciones de paz para buscar la legitimidad por crímenes odiosos tales como los que cometieron ayer en Kabul”, añadió.

El presidente afgano Ashraf Ghani ofreció la semana pasada a los talibanes un alto el fuego por el ramadán. Los insurgentes lo rechazaron.

En mayo de 2017, los insurgentes declararon que el hecho de herir a civiles durante el ramadán era un “crimen”. Este año hicieron lo contrario.

Con información de AFP

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