¿Y si Juego de Tronos termina mal?

Quedan dos capítulos para el final de Juego de Tronos…. dos… y no parece que la serie esté dispuesta a responder la montaña de preguntas que llevamos diez años haciéndonos. La cuestión es… ¿Y si no estábamos haciendo las preguntas correctas? ¿Y si… Juego de Tronos termina… mal?

A medida que la serie entra en su recta final surgen cada vez más y más voces que se quejan del rumbo que está tomando la historia. De repente parece como si una maldición valyria se hubiese adueñado de Westeros. Los protagonistas de la serie empiezan a tomar decisiones abiertamente estúpidas y a actuar impulsivamente. ¡INCONCEBIBLE!

Porque… por supuesto… Hasta esta octava temporada todos los personajes habían demostrado ser unos brillantes estrategas que nunca se equivocan, siempre meditan sus decisiones, y nunca actúan irracionalmente. Juego de Tronos, esa serie que perfectamente podría titularse: Gente medieval que muere de forma horrible poco después de tomar una decisión realmente estúpida.

Creo que deberíamos asumir desde ya, que a los protagonistas de Juego de Tronos, de moderados, comedidos, y racionales los libro dios, el único, el de la muerte, el de la luz, los siete o los antiguos. Puedes elegir credo. El resultado da igual. Hagamos un brevísimo repaso a algunos ejemplos:

  • Ned Stark se pasa una temporada ignorando los indicios de que los hijos de su amigo el rey en realidad no son suyos. Cuando se le enciende la lucecita leyendo Manual de genética para Torpes decide amenazar a la madre con contárselo al rey. Aplauso lento.
  • Robb Stark se compromete a casarse con la hija de un noble conocido por ser un poquito cabrón y luego se pasa esa promesa por el forro. No contento con ello le consigue a la hija del noble un marido de consolación y se presenta a la boda acompañado de su flamante esposa embarazada. Bien ahí, Robb.
  • Un noble muy simpático decide batirse en duelo con un animal de bellota de dos metros conocido por partir gente por la mitad en su tiempo libre. Se pasa el combate pinchándolo con una lanza envenenada desde lejos. Cuando ya lo tiene a su merced, herido y muy cabreado, decide acercársele para gritarle cosas feas a la oreja. En serio Oberyn, ¿en qué estabas pensando?
  • Un grupo de señores muy religiosos humilla públicamente a una mujer muy impía que, aparte de ser la reina en funciones, es conocida por ser un pelín rencorosa, y por relacionarse con señores que fabrican fuego valyrio en cantidades industriales. ¡High Five, high sparrow!

En serio, podría seguir, pero creo que vais pillando por donde van los virotes de ballesta. Es cierto que esta última temporada está acelerando su ritmo, y que los viajes de unos y otros respetan muy poco las leyes del espacio-tiempo. Hay mucho que contar, y pocos capítulos. Es cierto que se omiten datos que ayudarían a entender mejor las motivaciones de los personajes, y que hay recursos narrativos que parecen un poquito traídos por los pelos. Pese a todo ello, y en lineas generales, creo que Juego de Tronos no ha bajado en calidad en esta última temporada. La historia sigue dejando cabos sueltos por docenas y tiene los mismos baches narrativos que cuando empezó, probablemente más a medida que se aleja del material de las novelas originales.

Las secuelas de Lost

En la oficina se ha escuchado hoy el comentario de que Juego de Tronos se ha convertido en Pasión de Gavilanes. Quizá es que siempre ha sido un poco un culebrón de espada y brujería y no nos queríamos dar cuenta. Quizá resulta que George R.R. Martin tiene más de Corín Tellado que de Tolkien.

El problema de Juego de Tronos es el mismo que deben afrontar tantas otras series que llegaron después de Lost (Perdidos). La mítica serie de Abrams y Lindelof supuso la consagración definitiva de la cultura de la especulación y las teorías en Internet. Nos encanta idear hipótesis extrañísimas sobre series y películas porque nos sentimos muy listos haciéndolo, pero el problema es que no todas las series son Lost. No todos los guionistas gustan de plantear interminables preguntas y enigmas solo para el espectador se divierta jugando a adivinar la respuesta. No todos los guiones son cadenas de adivinanzas, ni todas las series tienen que basarse en viajes en el tiempo, dimensiones alternativas o apabullantes revelaciones que se han mantenido en secreto hasta el último capítulo. No todo tiene que estar conectado por obligación.

A veces, lo que importa es el viaje.

Es probable (muy probable) que Juego de Tronos nunca revele quién era el Rey de la Noche ni por qué hacía lo que hacía. Es muy posible que Bran no sea más que un tipo que tiene visiones. Ni viaja en el tiempo, ni altera el futuro y el pasado, ni es la reencarnación de ningún dios. Cabe la posibilidad muy real de que los dragones no sean más que bestias muy grandes que escupen fuego pero sobre los que no existe ninguna mística asociada a una familia en particular. Se mueren cuando los atraviesas con una flecha de dos metros y ya.

Puede que los que entrenaron a Arya no sean más que monjes-ninjas un poco chiflados y que no tengan ningún plan maligno en movimiento. Puede que el cometa de las profecías no sea más que una amalgama de roca y hielo que pasa cada cierto tiempo emitiendo gases debido a la radiación solar y su color rojo se deba a su particular composición química. Quizá los Stark no tienen nada que ver con Tony, y la profecía de Azor Ahai es una leyenda de tiempos pasados para impresionar a los niños.

Es posible, en definitiva, que todo lo que te has montado en la cabeza sea mentira, que Juego de Tronos no sea más que una historia con tintes medievales en la que un montón de familias nobles hace lo que hacían las familias nobles en aquella época: declararse guerras, asesinarse, conspirar, violar, enfermar, cometer errores y morir de forma horrible a consecuencia de esos errores. Como historia, sigue siendo perfectamente válida, pero sospecho que a más de uno le va a parecer un mal final, y eso sería injusto. Es injusto no valorar la serie de HBO como lo que ha sido hasta ahora: un fenómeno televisivo por derecho propio y una serie de calidad entretenida y vibrante como pocas. En menos de dos semanas sabremos la respuesta, pero algo me dice que a más de uno le va a saber a poco.

Menos mal que Martin lo arreglará en las novelas que le quedan por escribir ¿eh?…

Con información de Gizmodo

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