El plan de la NASA para prolongar la vida de las Sondas Voyager a 18.000 millones de km de la Tierra

Las Sondas Voyager 1 y Voyager 2 se lanzaron hace nada menos que 42 años. Ahora mismo exploran los confines de nuestro Sistema Solar, pero su misión tiene los días contados. La NASA ha diseñado un plan para hacer que ese final llegue lo más tarde posible.

Voyager 1 y Voyager 2 salieron de la Tierra en 1977 con apenas 16 días de diferencia. Ambas sondas visitaron Júpiter y Saturno, aunque la Voyager 2pasó también por Urano y Neptuno. Desde entonces, ambas se han adentrado más y más en el espacio profundo a una velocidad de unos 56.000 km/h. Ahora mismo, las Voyager están a más de 18.000 millones de km de la Tierra. La más distante de las dos, la Voyager 1, está tan lejos que una señal de radio enviada desde la Tierra a la velocidad de la luz tarda 20 minutos en alcanzarla.

Está previsto que las Sondas sigan funcionando hasta algún momento a mediados de la próxima década (alrededor de 2025). Llegará un momento en el que no tendrán suficiente energía com para alimentar su sistema de calefacción. Entonces sus sistemas se congelarán y las sondas se convertirán en sendos pedazos de chatarra espacial a la deriva por el espacio.

Aunque este final es inevitable, la NASA no va a permitir que las sondas entren dócilmente en esa buena noche. En un reciente comunicado de prensa, los ingenieros de las Voyager han explicado una serie de ajustes que se proponen hacer para extender la vida útil de las sondas lo máximo posible. El plan tiene como objetivo lograr que ambos instrumentos recopilen más datos sobre la heliopausa (la frontera entre las partículas diseminadas por el viento solar y el espacio interestellar.

A esa distancia del Sol, las temperaturas son muy bajas. Una simple línea de combustible congelada puede hacer que los impulsores ya no sean operativos, lo que haría imposible maniobrar la nave para orientar sus antenas hacia la Tierra. Esa es la razón por la que las Voyager están equipadas con un generador propio y varias unidades de calefacción. LA NASA explica:

Cada una de las sondas obtiene su energía de un generador termoeléctrico de radioisótopos o RTG, que produce calor de manera natural mediante la degeneración del plutonio-238. Este calor se convierte a su vez en electricidad. La eficiencia del Plutonio-238 se reduce con el tiempo. Cada generador pierde 4 vatios de energía al año. En otras palabras, ahora mismo generan un 40% menos que cuando se lanzaron hace 42 años. Eso limita el número de sistemas que pueden estar operativos en la sonda.

Se espera que los generadores dejen de ser suficientes hacia 2025, así que lo que la NASA está decidiendo básicamente es que elementos del sistema merece la pena seguir calentando, y cuales no. El nuevo sistema de ahorro de energía contempla múltiples opciones que irán apagando algunos de los instrumentos en los próximos años.

La situación es más urgente en el caso de la Voyager 2, porque está dotada de más instrumentos que consumen energía. Recientemente, los ingenieros de la NASA decidieron apagar los calentadores del subsistema de detección de rayos cósmicos, que es el que estudia como interactúa el viento solar con las partículas de fuera del Sistema Solar. Sorprendentemente, el instrumento no ha dejado de funcionar ni de transmitir datos pese a que está operando a temperaturas por debajo del límite para el que fue diseñado. La directora del proyecto Voyager, Suzanne Dodd, explicaba en el comunicado:

Es increíble que los instrumentos de las Voyager hayan demostrado tanta resistencia. Estamos muy orgullosos de lo bien que han resistido el paso del tiempo. De hecho han pasado tantos años que cada día nos enfrentamos a problemas que son completamente nuevos para nosotros. Pese a ello seguiremos buscando soluciones para que las sondas sigan haciendo ciencia el máximo tiempo posible.

De momento otros instrumentos como los medidores de plasma y campos magnéticos siguen recibiendo calor. Al menos por ahora.

Otro detalle importante a tener en cuenta son los propulsores, que se alimentan de hidrazina. Los pequeños empujones de estos elementos son cruciales, porque permiten girar y maniobrar las Voyager. Hace dos años, la NASA necesitó reorientar la Voyager 1. La maniobra requirió más impulso del habitual, y ello obligó a activar propulsores que llevaban sin usarse 37 años. El procedimiento reveló que la fuerza de los propulsores ha disminuido con el paso del tiempo. A finales de este mes, la Voyager 2 tiene que hacer frente a la misma maniobra. Cualquier cambio es crítico, pero merece mucho la pena el esfuerzo. Las sondas están proporcionando datos sin precedentes para la ciencia.

“Ambas Voyager están explorando regiones del espacio en las que nunca antes habíamos estado”, explica Ed Stone, uno de los científicos del proyecto. “Cada día es un nuevo día de descubrimientos, y las sondas siguen sorprendiéndonos a medida que se adentran en el espacio profundo.”

Incluso después de que mueran, las Voyager seguirán su camino hacia las profundidades del espacio. A su velocidad actual, superarán la Nube de Oort en unos 40.000 años y estarán a dos años luz de la Tierra. Si nada las detiene, algún día alcanzarán otro Sistema Solar y quizá, solo quizá, sean interceptadas por una civilización extraterrestre. Si eso llega a ocurrir, los alienígenas encontrarán en las naves un disco de oro que les revelará que no están solos en el universo.

Con información de Gizmodo

Ayuda a mantener en línea nuestro WebServer. Te necesitamos para poder seguir haciendo publicaciones y seguir generando contenido.